foto del grupo Reestreno

Aprovechando el tremendo éxito de “El Soldadito” (CBS, 1971), La Compañía pone en circulación este LP dedicado íntegramente a temas procedentes de muy conocidas zarzuelas españolas con arreglos folk pop de cuidadas instrumentaciones y arreglos vocales muy trabajados en estudio.

Aunque no se publicaron nunca en formato single, temas como la mazurka “A la sombra de una sombrilla”, de la zarzuela “Luisa Fernanda” (Moreno Torroba, 1932), “¿Dónde estarán nuestros mozos?” basada en una canción de ronda incluida en “La del Soto del Parral” (Reveriano Soutullo y Juan Vert, 1927) se escucharon tanto o más que los singles que ocupaban el top10, contribuyendo a unas ventas nada desdeñables del presente long play.

Algunos temas están realmente bien conseguidos. “En un país de fábula , de “La Tabernera del Puerto” (Pablo Sorozabal, 1936) es un tema casi naif que nos recuerda a aquellos Nuevos Horizontes cuando interpretaban composiciones de Vainica Doble. “La habanera del pompón” también camina por los mismos oníricos senderos. El Coro de Románticos de “Doña Francisquita” (Amadeo Vives, 1923) es otro de los puntos culminantes de un disco en el que, por supuesto, no faltaba la canción que había dado a conocer al grupo. Tampoco faltaba el tema que encabezaría su segundo single: “El Firulí”, una pieza dicharachera y alegre, absolutamente bailable, sacada de “La Canción del Olvido” (José Serrano, 1936). Hay otras adaptaciones malas de solemnidad como la sosería con que interpretan el coro de “Las Espigadoras”, ese oficioso himno de La Mancha que aquí perece destrozado a modo.

Pero no todo iba a ser miel sobre hojuelas para La Compañía y sus mentores. Pablo Sorozabal, que aún vivía, los va a demandar por el uso de un tema suyo: “En un país de fábula”. La cosa era que había que pedir permiso a los dueños de los derechos para la primera grabación. La SGAE gestiona y concede en nombre de sus asociados o sus descendientes esos derechos, pero el maestro Sorozabal declaraba sus obras en Francia y no pertenecía a la SGAE. La demanda se interpone y lo que debía saldarse con una multa e indemnización económica se convierte en un asunto penal al considerar el juez que la compañía discográfica y sus adaptadores habían mutilado y deformado una obra de arte, lo que conlleva pena de prisión. Ninguno de los miembros del grupo o directivos CBS dio con sus huesos en chirona, que sepamos; pero supuso un varapalo a la carrera del grupo y una considerable pérdida económica para el sello discográfico. No nos extraña que a partir del siguiente disco La Compañía se olvidase de la zarzuela.

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