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LaFonoteca, Disco: ¿Quién Puede Matar a un Niño?
portada del disco ¿Quién Puede Matar a un Niño?

Este es el último suspiro de Penélope Trip, las desavenencias con Munster los llevan a firmar un contrato especial con RCA mediante el cual garantizan una plena libertad creativa, y los lleva a ser los cofundadores de un nuevo sello, Astro.

Aprovechan la ocasión para homenajear a Chico Ibáñez Serrador y titulan el álbum al igual que una de sus más famosas creaciones, “¿Quién Puede Matar a un Niño” (1976). Esta no es la única referencia cinematográfica que encontramos en sus discos, ya en “Galaxina” (Alienor, 1993) un fotograma de “El Increíble Hombre Menguante” (Jack Arnold, 1957) servía para ilustrar la portada.

El valor añadido que presenta este disco es la personalidad que muestra la banda a la hora de abordar un sonido más luminoso y rico en matices sin perder en ningún momento su esencia. Tito Pintado se suelta y canta como nunca  y su lado melódico se acentúa sin abandonar ese magnetismo y ese brillo tan característicos en sus composiciones. Para comprobarlo basta escuchar ese precioso corte inicial titulado “Infanticida” o temas como “Cromosoma 3” y “Flame”. El ruido deja de ser su argumento principal, recurriendo a él cuando la situación lo requiere, generando perfectos claroscuros en los que la distorsión convive en perfecta armonía con la melodía.

El voltaje aumenta con “Aprendiz de Santa Claus” pero el pop cristalino continúa de su lado, coros resplandecientes y contundencia en las guitarras antes de los aires de bossanova espacial que llegan con “Miss Black America”  y “5 a.m”, dos cortes en perfecta sintonía con el pop experimental que triunfaba en Europa a mediados de los 90, recordando a bandas como Stereolab o Laika.

Con “Judoka” y “Radio Amistad” parecen querer decirnos: no os engañéis, somos Penélope Trip y no nos hemos olvidado de lo que podemos hacer con un pedal de distorsión. Dos cortes que desprenden energía y rabia, ruido y distorsión descontrolada  -o caóticamente controlada-. Entonces llega “Picolandia”, el hit del disco, luminosidad pop, coros cristalinos y un ritmo efervescente que sube y baja, y cuando se termina tenemos ganas de volver a escucharla, y lo hacemos una y otra vez en un círculo vicioso que parece no tener fin.

En definitiva, este “¿Quién Puede Matar a un Niño” es un disco redondo, una de las cimas del pop experimental manufacturado en nuestro país. Un álbum del que realmente es muy complicado resaltar tan sólo tres canciones, ya que al menos cinco cortes podrían ocupar ese lugar privilegiado.

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