portada del disco ¡Qué Mutada!

Único y sin solución de continuidad por lo puntual del proyecto este “¡Qué Mutada!” (PIAS, 2002), no es en realidad otra cosa que un disco compartido, una pequeña diversión entre amigos que comparten filias como la ciencia ficción (más La Monja Enana y Aviador Dro que L-Kan) y sentido del humor. El disco se desarrolla entre la canción que abre el disco -en la que participan los tres grupos-, luego tres temas en solitario, tres más -una versión de cada uno de ellos interpretada por los otros dos-, para cerrar el álbum con otra canción colectiva.

En lo musical, pues bueno, dado lo diverso del proyecto -aunque todas las bandas puedan encuadrarse dentro del tecno-pop- los resultados son dispares. La veteranía del Aviador Dro parece imponerse a los puntos, aunque sin nada muy destacable. Por momentos parecen esa máxima aplicable al final de la vida de Lola Flores, en la que cada día que pasaba se parecía más a sus imitadores que a ella misma. Pues a eso suena el Aviador Dro en este proyecto. Como si los tiempos de vanguardia les hubieran superado y tratasen de sonar a sus propios seguidores. Aún así, dejan el tema más destacable del lote, “Mundo mutante” (además de ser los únicos que tratan de verdad el concepto de la entrega). En cambio, en “La esfinge en la red” parecen sonar a un Miguel Bosé con ansias de barniz de modernidad en su música.

La Monja Enana da una muestra de su (discutida) personalidad con una preciosa recreación de la película de Jack Clayton “Los Inocentes” (1961),  -basada en “Otra Vuelta de Tuerca” (1959) de Henry James- en la canción del mismo título. Lo peor viene con “Criticar”, un dardo sin fuerza contra la crítica musical. Ya que se ponen a hacer eso que lo hagan con una de sus mejores canciones, no con una de las más flojas. Terminan su parte en solitario con una canción ya conocida del grupo, “Por amor al arte”, que no es más que una recreación escondida de “La funcionaria” de Vainica Doble, como ya hicieron con “Cartas de amor” en uno de sus singles precedentes.

L-Kan se lleva la peor parte y ninguna de sus canciones en solitario destaca sobre las otras dentro de un tono bajo. Lo mejor, el título de una de ellas, “No es cultura de club es cultura de pub”, como en las películas porno.

En las canciones compartidas de a dos destaca el destrozo que cometen sus autores -La Monja Enana junto a L-Kan- de la mejor canción del dúo, la maravillosa “Estrella fugaz”. El disco termina de manera bastante floja con todos juntos de nuevo cantando “Moda mutante”. Lo dicho, toda una curiosidad.

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