portada del disco Psicofonías en el Estereo

Tuvieron que pasar cuatro años desde la entrega anterior, la del "Monstruos de la Naturaleza" (Rompeolas, 2000), para que ddt editase un nuevo trabajo. El grupo ha sufrido variaciones, con la inclusión de un nuevo guitarrista, se cambia de local de ensayo y sello discográfico. Rompeolas ha quebrado y atienden de mil amores a la oferta de Carlos Cavestany para sacar en su discográfica esta nueva entrega.

Portada basada en un dibujo de Chiri, el batería, que se adapta perfectamente a la estética de tebeo y dibujo animado que rezuma el estilo y los temas elegidos por la banda. Primer trabajo en el que la producción corre a cargo enteramente de Javier Pelayo, su guitarrista y cantante. Se grabó en los estudios Java de Barajas (Madrid).

El disco empieza con "El increíble hombre menguante", una de las canciones que figuran sin duda, en la lista de preferidas por la propia banda. El tema en cuestión parece arrancar con orquestalidades similares a las del "Bailaré sobre tu tumba" de Siniestro Total. En su letra se abordan disquisiciones varias sobre las consecuencias que tuvo sobre la estatura del protagonista la excursión por las cercanías de un atolón en el que se hacían ensayos nucleares. Es una canción muy completa, vocal e instrumentalmente, aunque enmarcada en la vena más claramente pop del grupo.

Y si antes hablábamos de dibujos animados es porque tardan poco en referirse a este mundo. "Barón Ashler" trata precisamente del personaje malo en la serie de manga Mazinger Z. ddt desarrolla más de dos minutos de descarga punk-rock a cuenta de su posible sexualidad, ya que aparecía con la cara dividida en hombre-mujer, con las mismas imprecisiones en su voz. Sutilmente le preguntan, con idea de resolver la cuestión, por el robot que más le excita, si el propio Mazinger Z o Afrodita.

"La chica del telecupón" es otra de mis pasiones. Suena a las melodías más ásperas de Ramones; pienso en particular en "I wanna live", que no es de lo más pop de los de Nueva York. Me parece de lo mejor del grupo, además con una letra muy original. Enamoramientos con personajes de la tele; en este caso la chica del Telecupón se la juega al sacar su bola. La llegan a asesinar los muy bestias.

Tienen tiempo para ponerse en la piel del eslabón perdido, o al menos del primate que no quiere evolucionar. A eso dedican "Atapuerca puede esperar". En el comienzo uno piensa en los Toy Dolls por el galope de guitarras y la voz de Pelayo.

Con "Snuff movie" vuelve a endurecerse el sonido. Es muy buena y contundente. Amortigüan la voz, como luego hiciera Pelayo con la voz del cantante en Vigilante Gitano.

La variedad de posibles sonidos se pone de manifiesto con "Turismo espacial", un rock and roll duro sobre los nuevos mecenas aburridos que miran a la carrera espacial, o "Vivir sin pagar", donde saben frenar la marcha, contener, al menos en su comienzo. La letra de esta última rezuma la originalidad habitual, centrándose en la filosofía nacional del escaqueo a la hora de pagar. Hasta de idiosincracia genética, latina, se habla para justificar tan sana costumbre.

Uno de los mejores momentos del disco bien pudiera ser "Me despierto en la morgue". De contundencia luminosa, la canción tiene guitarras insuperables y de los mejores coros de voces. La letra recurre a las mejores imágines posibles para ambientarnos en un despertar entre muertos: ruidos de sierra triturando occipitales.

Basada en el personaje que queda atrapado en un círculo de juego al límite en Vietnam de la película "The Deer Hunter" (Michael Cimino, 1978), "Hagan juego, abran fuego" tiene, como en otros casos, resonancias a Barricada, o durezas similares. Que ddt no es simple punk-pop queda bien claro con perlas de este calibre.

Otra referencia cinematográfica es la de "El diablo sobre ruedas". Toma el nombre, en su versión española, de la película "The Devil on Wheels" (Steven Spielberg, 1971). Es una canción con buen rock and roll.

Pero si al rock and roll nos referimos, cabe hace mención especial a uno de los grandes momentos del disco, y por qué no, del cancionero de ddt: "Quién mató el Rock and Roll" me lo parece, desde luego. Es una versión del tema "Who will save rock and roll" de Dictators. Resulta difícil, o al menos así me ha pasado a mi, no desarrollar una pasióno enfermiza por este tema. De entrada comienza con unas guitarras haciendo las veces de sirenas, como ya hicieran los Clash en su "Police on my back". Pero es que luego, la evolución de todo el tema es de las que te atrapa y no te suelta. Un diez de canción.

En "El gordo brutal" nos hablan de un tipo con el que conviene no tropezarse. Tiene efectos para cada altavoz de tu estéreo y en algún pasaje, momentos del "Yo ya fui a Cangas del Morrazo" de Siniestro Total.

"Jugando al atmosfear" es una canción de rompe y rasga también. Empiezas pensando en "Un día cualquiera en Texas", para ir desarrollando una descarga importante de guitarras. Sólo parece admitir ralentizaciones en el estribillo. En algún momento se aprecian juegos con teclas de órgano peculiar, en lo que parece un intento de ambientar la metamorfosis de la pareja del protagonista a algo parecido a un insecto.

El disco acaba lento, muy lento, con "Por culpa de ese licor". El título le hace a uno acordarse del "Somebody put something in my drink" de Ramones, pero la analogía desde luego acaba ahí.

La extensión de esta última canción tras un enorme silencio tiene pinta de ser las psicofonías a las que se refieren en el título del LP.

Buen disco, la verdad.

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