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LaFonoteca, Disco: Poch se ha Vuelto a Equivocar
portada del disco Poch se ha Vuelto a Equivocar

El disco de la polémica. El debut de Poch en su corta carrera en solitario iba a ser el detonante de la disolución de la mítica banda que formaba entonces con Alejo Alberdi, Juan Verdera y Paul: Derribos Arias (DDAA). Aunque inicialmente las grabaciones se realizaron en equipo, la confabulación del manager de la banda (Santiago Cano) con directivos de Epic-CBS, lleva a que la producción final sea, a sabiendas de Poch, obra exclusiva de McNamee y Cardalda. El resto del grupo abandona el proyecto y el disco pasa a ser la presentación en sociedad de Poch como artista solista. Su rostro serio nos mira en un primer plano desafiante en una portada llamativa con fotos en cuatro colores chillones.

Cuestiones éticas al margen, el problema del disco es precisamente la producción. Aunque no se le puede objetar nada técnicamente, es evidente que no se acierta con el perfil de Poch. Muchos de los arreglos son decididamente aburridos, y muchos de los temas sólo se mantienen en pie por las letras, que siguen siendo marca de la factoría Poch.

El primer tema “Como uña y carne” fue uno de los elegidos como sencillo para promoción del disco. Es una composición bonita, pero parece no terminar de arrancar. El videoclip presentado en el programa de La Bola de Cristal resulta estar en el mismo tono soso que la canción. Poch y su presunta compañera pasan el rato en desencuentros entrando y saliendo de un palacete en ruinas. Los problemas de Poch con las habitaciones -veáse “Intima decoración” de “En la Guía, en el Listín” (GASA, 1983)- y su patológica costumbre de crear el caos en ellas (Pedro Otero lo constata en su artículo en Las Lágrimas de Macondo) le llevan a perder a su chica. Con todo es probablemente de lo mejor del disco, tanto por la voz de Poch en modo susurrante como por el contenido.

La primera cara acaba con tres temas más en un carrusel de estilos. Tres canciones (“El party”, “Comes tu solita”, “To be or not to be”) tres estilos completamente diferentes. ¿Genialidad ecléctica o ganas de dar muchos palos para acertar con alguno? “El party” tiene aires de orquesta, con piano y clarinete; podría pasar perfectamente, eso sí, por un tema de Toreros Muertos. El desparrame de los asistentes a la fiesta se hace coincidir con el desmelene, mucho más interesante, de la canción.

Como confirma Juan Verdera, “Comes tu solita” era ya un tema DDAA, aunque aquí se incluye en toma algo diferente. Es el brochazo más rockero de la primera cara. Con “To be or not to be”, tema que cuenta con la participación de Teddy Bautista en los arreglos, uno se debate entre el rechazo más absoluto o la condescendencia para asimilarlo a aires Almodóvar & McNamara. Aún en esta segunda opción, el coro femenino por detrás termina enervando.

Carlos Berlanga, con Dinarama, tenía un “Club de Egipcios” -“Canciones Profanas” (Hispavox, 1983)-; Poch por su parte, con aires hispanos a toque de trompeta, guitarra y organillo, nos descubre un “Club de Herpesviríticos”. Menos selecto quizás, requiere de la participación de “alguna joven de actualidad” para la cuestión de la transmisión. Letra ocurrente.

Dagas hambrientas” compite con “Como uña y carne” a candidata a canción del disco. Aún con la narcotizada producción que aquí se le impone, el potente arranque y la atmósfera pretendidamente siniestra la hacen muy apetecible. Dan ganas de imaginársela en un contexto puramente DDAA.

Si no fuera por la insistencia de Poch con las canciones del verano (uno piensa en “Mari Pili” con Ejecutivos Agresivos e incluso en “Branquias bajo el agua” como versión bastarda e irreverente de este tipo de hits veraniegos) se puede llegar a considerar una burla. ¿No habría un malentendido entre compañía y artista en los objetivos comerciales? ¿Realmente buscaba Poch tener un tema que pasara a la historia en las mismas listas que “Un rayo de sol” o “El chiringuito”?

El disco termina con “Protesta por los sucedáneos”, que a falta de mayores intensidades te obliga a una escucha atenta que permita escuchar bien qué es lo que dice Poch entre las barreras acústicas que imponen armónica y guitarras, y “Cocaine” una versión del tema de J. J. Cale que Poch hace mezclar con el “Tico, tico”.

En suma, el título parece acertar en lo fallido del segundo encontronazo de Poch con discográficas grandes. El primero habría que adjudicárselo a la etapa de éste en Ejecutivos Agresivos.

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