portada del disco Para Todos los Públicos

Tras mucho tiempo sin publicar nada el resultado de 20 meses de trabajo por fin ve la luz. Robe y los suyos nos traen un nuevo trabajo en el que el cacereño no se guarda nada de nada, regurgita todo el genio que tiene dentro mientras su mano derecha Uoho limpia, brilla y da esplendor a los latigazos del de Plasencia.

Tras una filtración de la que el grupo se ha desmarcado y ha criticado, el disco ha tenido que salir antes de lo previsto a la calle para regocijo de sus admiradores, la verdad es que no es para menos porque desde “Material Defectuoso” (Warner, 2011) Robe ha grabado y parado las sesiones más de una vez, en su discográfica ya no tuercen el gesto; es Robe y hay que dejarle trabajar.

Pero vayamos al disco, en estas nueve canciones como decía más arriba Robe no se guarda nada, “Locura transitoria” ya deja claro que al Rey de Extremadura no se le olvida que su particular verbo tiene algo que nos engatusó a todos desde la adolescencia: “Ahora que ya no entiendo nada / y no me funciona un hemisferio / quiero saber si entre tus bragas / está la clave del misterio” y sigue luego fiel a su costumbre de mezclar clásicos de las letras patrias con sus particulares improperios, en esta ocasión si bien no cita textualmente se limita a un guiño, volviendo a salir Miguel Hernández a la palestra: “¡Coño! / ¡Un ruido del demonio!  / se mete en mi cabeza / y se enciende dentro el puto rayo que no cesa”; pero ahí no queda la cosa, que Robe se atreve con jugueteos de bossanova, con los episodios de furia eléctrica ya clásicos en sus canciones largas y de nuevo las cuerdas dirigidas por Ara Malikian.

Entre interiores” es un tema muy ablusado con un riff principal muy de manual, cortante y milimétrico, con un acolchamiento de órgano; si bien tiene que hacer un pequeño esfuerzo, la voz de Robe casa muy bien al estilo y Uoho remata con un solo marca de la casa.

“¡Qué borde era mi valle!” destruye todo a su paso como Chuck Norris en “Invasion USA” (1985) de Joseph Zito, guitarras hechas nudos marineros, ejercicios de wah wah que deben dar un dolor terrible en el tendón de Aquiles y los cambios de ritmo a los que Robe es tan aficionado –para más información escuchar “Cabezabajo” del ya clasicazo “Agila” (DRO, 1996) que ahí viene todo muy explicadito– Robe canta with the guts que dicen los anglosajones.

Poema sobrecogido” vuelve a los achaques flamencos de otras ocasiones, no en vano Robe nunca ha ocultado ser amante del flamenco, nos encontramos aquí de nuevo al Robe más dubitativo y metafísico; al que camina por el alambre, al que duda entre estar si estar loco o cuerdo es la misma cosa, o los términos están intercambiados. En lo musical Uoho nos lleva en volandas con un solo celestial.

Tras la coña “Manué IV” –dicho sea de paso ya el tal Manué es un personaje entrañable para los seguidores de la banda, guiño absoluto a los fans de toda la vida–, llegan las guitarras funk de “Mama” que se enzarzan en una pelea con un sonido heavy en algunas guitarras secundarias, desembocando en una fase de percusiones bastante coqueta.

Mi voluntad” parece evocar la etapa más animal de Robe, guitarras muy pesadas y la batería venga a darle al tum tum tum, el cacereño se pone el cuchillo entre los dientes mientras unos apuntes sencillos de guitarras metaleras de línea británica le dan empaque al asunto. Una canción muy fresquita y muy escuchable que da paso a “Pequeño Rocanrol Endémico” una canción en deje hard rock entre ingenua y blusera, inevitable acordarse de los hermanos Young, y con un tono vitalista y risueño que  te llena de vida. De nuevo y perdón por ponerme pesado, el trabajo de Uoho en el solo es mayestático.

Cierra con broche de oro “El camino de las utopías” que tiene prácticamente de todo: estructuras intrincadas y cambiantes, Robe cantando inspiradísimo, a veces sinuoso como una serpiente de cascabel, a veces clarividente y otras veces sideral, sonando entonces Extremo muy en la línea de Queen (hasta las guitarras que suenan a Brian May), cierto es también que esta canción ya la estrenaron en directo en su última gira, pero no por ello deja de ser emotiva. Con todo llega fácilmente a la patata. Siete minutos que son un suspiro.

El nuevo trabajo de Robe y los suyos es una joya, toda la energía y el genio de Jesucristo García condensado y por los cauces de la madurez. No se lo pierdan.

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