portada del disco Oscurece en Usera

La Fe graban en su local de ensayo del Rock Palace de Madrid su segundo EP en julio de 2016. Se ponen en las manos de La Huerta Grabaciones, o lo que es lo mismo de Adolfo Párraga (Juanita y los Feos) y Héctor Ngomo (Tuya). El grupo mezclaría luego con Adolfo y dejarían la masterización en manos de Ramón Moreira (Krater) en sus estudios DGR Sónica, Madrid.

Probablemente sea "Pesadilla en Marcelo Usera" una de las mejores y más directas maneras de entrar y conocer el sonido de La Fe. Oscuro, con reverberaciones y feedbacks y hasta un comienzo abrupto que por momentos parece que te va a llevar a una versión de Pegamoides espesa y densa. Pero no, es un latigazo de tensión apenas contenida. Cae la noche en Madrid, oscurece en Usera, la pesadilla anda cerca y viene a por ti. La canción es una mezcla de negro postpunk y solidez y crudeza de punk rock a guitarrazos como dentelladas.

También con acoples empieza "Larga noche", sinuosa e intrigante. Aparentemente perezosa, sin terminar de arrancar, la música del trío madrileño se expande más bien como una enorme mancha de aceite que termina llenándolo todo. Como si de una secuencia de personajes de una canción de Ilegales se tratara, los bastardos llenan la noche.

Guitarras duras son las que utilizan para arrancar con "Tic tac", con una historia muy similar a la de "Algo en su cabeza hizo crack" de Sudor. Una vida que salta en pedazos por los aires, con la dureza que alcanzaron Pablo y Héctor en Nueva Autoridad Democrática.

Lo que logra La Fe es reseñable, mezclan el rock más sucio con las ganas de tiniebla y oscuridad de los 80. Sale ganando, eso sí, la primera, la vertiente más cruda. Todo fielmente afianzado con una grabación en modo lofi, resaltando al máximo el casi directo en el que se emplea la banda.

Igual que en la entrega anterior, "Ruido, Distorsión y Rock " (Blondes Must Die, 2015), la portada presenta diseño modesto pero artesanal. Dentro, una hoja interior que presenta la información acerca de la grabación (utilizaron pistas separadas y la del bajo hubo que repetirla porque se borró) y la letra de los temas a modo de declaración de testigo, una fórmula muy similar a la que luego emplease Sudor en su "Causa General" (Beat Generation, 2019).

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