portada del disco On the Radio

“Nuestras mentes sólo crean a partir de lo que la memoria sugiere”. Con esta cita del compositor y guitarrista Reginald Smith concluye el enclenque libreto de “On the Radio” (El Hombre Tranquilo, 1997), segunda entrega del cordobés Álvaro Muñoz, cuerpo y alma de Tarik y la Fábrica de Colores, que llegó con casi diez años de retardo con respecto a su predecesora.

Pensando en explicar el objeto de este disco a partir de la cita con la que su autor decidió rubricar este trabajo, lo que nos sugiere es que su memoria decidió olvidar sus comienzos del lado del post-punk y remontarse mucho más atrás. La mayor parte de esos diez años que pasaron de uno a otro disco los pasó Muñoz afincado en Londres, donde es de suponer que fueran compuestos la mayor parte de los temas, pero, paradójicamente, los diez cortes de “On the Radio” (todos en inglés), son más fieles a su propia libertad creadora que a la moda imperante en las islas en lo musical a finales de los 90. Ni la ya casi resaca del brit pop, ni la “new new age”, la del reinado de la electrónica, rozan siquiera este sucio ensayo sobre el rock.Claras referencias a los ídolos de los 70 tributan en cada corte a la pre-historia: Neil Young, David Bowie, Deep Purple metidos en una batidora orgullosa de su anacronismo.

Eso sí, la mezcla no queda todo lo fina que sería deseable y encontramos tropezones difíciles de tragar. Las canciones suenan inconcretas, el propósito pop (que lo hay) se pierde con los riffs, y los riffs por sí solos no son capaces de componer una obra clásica, recordando más a Guns n' Roses que a los respetables dinosaurios a los que pretenden reverenciar. Así las cosas, y haciendo referencia a la historia del arte, lo que podía haber sido una joya bizantina, un disco tosco y primitivo pero estructurado y bello se acaba quedando en una portada barroca, canciones innecesaria y equivocadamente recargadas que acaban pesando demasiado.

De cualquier forma, y a pesar de la escasa repercusión de este trabajo dentro de las fronteras patrias, “On the Radio” esconde un tesoro, el single homónimo, que por sí sólo le otorga el aprobado al disco entero. Una melodía redonda, saltarina, compacta; una voz perfectamente modulada y adecuada a la intención pop (¡aquí estaba!); unos arreglos orquestales que la dotan de notoriedad, hacen del corte número tres (recuerden) una canción tan sencillamente perfecta que sólo cabe preguntarse qué hace dentro de este despropósito, no tanto porque el resto sean escandalosamente malas como por lo escandalosamente buena que es esta canción. ¿La respuesta? Esta canción vino del futuro, anticipando el maravilloso “Sequentialee” (Mushroom Pillow, 2005) para el que todavía faltan, en ese punto, otros diez años.

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