portada del disco Nuevos Héroes del Rock

Evaristo, el que fuera cantante de La Polla Records, se rodeó de unos compañeros de entidad para su primera aventura musical tras la disolución de su grupo de siempre: nada más y nada menos que los dos únicos supervivientes de otra banda mítica del punk vasco de los ochenta: R.I.P. El resultado, bromas de conexiones neozelandesas aparte, es un disco más que aprovechable. De intensidad similar a los últimos trabajos de los de Salvatierra, conviene sin embargo librarse de prejuicios o comparaciones con La Polla Records, para asegurar un mayor disfrute.

Los mensajes de Evaristo siguen en su tónica de siempre, dando duro al fascismo allí donde aparezca, bien encubierto en los parásitos sociales a los que ha criticado toda su vida (“Día de limpieza”), o en su vertiente más extrema, la de los neonazis que se lanzan a ganar la calle (“Un neonazi”). Sopapos a la religión (“Bad religion”) y a la policía (“Underdog”). También hay hueco, tres canciones ni más ni menos, para las drogas: En “De legal” se reflexiona sobre la existencia de un marco perfectamente legal y socialmente aceptado para el alcohol, antidepresivos e incluso la televisión; “Vomitando” gira en torno a la heroína, y finalmente la brevísima “Deporte es salud” trata del dopping en el deporte. La emigración (“Vacaciones en Europa”), la ciencia médica (“Santa Agueda”), la inercia que nos impide romper con la rueda social que nos machaca (“Bobo”), hasta la presencia de tropas en África, quizás en alusión a intervenciones de la O.N.U, tienen su ironía (“A comer!”). Por otro lado “La vida loca” es toda una zarzuela u opereta en la que toman la palabra sucesivamente distintos personajes de la vida cotidiana, y “S.G.A.E.” es una jota con aires riberos para criticar a la sociedad de autores. Precisamente Evaristo ha comentado en alguna entrevista que aunque en sus comienzos con La Polla Records nunca repararon en cuestiones de autoría de másteres, propiedades intelectuales y demás, cambiaron de actitud al enterarse de cómo se repartían en dicha sociedad los derechos de aquellas bandas que no los reclamaban.

Pero el disco tiene mucho más, tiene sorpresas como la del tema tipo canto gregoriano trance-ambient con el que describe una noche cualquiera en una discoteca de moda de las de hoy en día (“Bailando sobre tejado”), o la colaboración de lujo de Albert Plá, para el monólogo relatando la maldad de los vascos en “Fan pikutara”, en un registro muy similar al utilizado en el corte “Todos los animales privando juntos en el bar” con el que se cerraba el disco “Donde se Habla” (Oihuka, 1990) de La Polla Records. En aquella ocasión, en modo estéreo por los dos altavoces, se adaptaban textos de unos relatos del escritor William Burroughs. Otras curiosidades musicales son la del xilofón, que resulta muy acertado, en “Bad religion” o la combinación de las percusiones tan interesantes, con un punto funkie, la voz femenina y los alaridos de Evaristo en “La vida loca”.

Este álbum, grabado con la discográfica vallecana Potencial Hardcore en los estudios Shot de Mondragón -el utilizado para “El Último (el) de La Polla” (Maldito, 2003)-, cuenta, además de la ya mencionada participación del cantante catalán Albert Plá, con las colaboraciones de Rakel (Bad-F Line) –probablemente para “La vida loca”, en el que más evidente es la voz femenina- y de Iñaki (Beer Mosh). Portada con título del trabajo y nombre del grupo en rojo sobre fondo negro. En la contraportada, foto de tres “aborígenes” en plan agresivo.

En lo musical, aparte de los experimentos ya mencionados de “S.G.A.E.” y “Bailando bajo tejado”, priman las guitarras afiladas, ritmos hardcore, como el del primer tema, y combinación de coros que guardan su parecido a lo hecho con la Polla (“Come libertad” o “A comer!”) o que suenan a los R.I.P. de sus mejores momentos (“Mierda” o “En la farra muy personal”).

Los nombres de las supuestas bandas que hacen las versiones de los “míticos” The Kagas, sirven, junto con los títulos de las canciones, para centrar o bromear sobre cada uno de los cortes. “Bad religion” auna la mención al grupo hardcore americano con su crítica a monjas y curas. Otra mención, la de la banda Dead Kennedys en “En la farra muy personal”, sorprende, porque la que realmente parece rendir tributo a un tema de los californianos es la adaptación libre de la canción infantil de los elefantes hecha en “Un neonazi”. Así, “Nazi punks fuck off” es igual de vertiginosa, con una letra que apenas se entiende, y con la misma paranoia sobre los cachorros de la extrema derecha.

Hay también ironías a costa de Radio Futura y Miguel Ríos en “En la farra muy personal” y “Bailando bajo tejado”, respectivamente. Lo de “Manolo Ascodás” es ya burla y escupitajo al cantante Manolo Escobar, y con él, quizás a la España en la que triunfó éste: familias numerosas, veraneos en Benidorm, toros, policía represora … Y finalmente es también irónico que para utilizar la archiconocida connotación perro-policía, policía-perro se haga uso, para el título de la canción, del término inglés “Underdog”, que literalmente hace referencia precisamente a víctimas de injusticias sociales o políticas.

En definitiva, un disco más que jugoso que hace las delicias de los que gustan del punk rock de alto octanaje.

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