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LaFonoteca, Disco: Noche Abierta
portada del disco Noche Abierta

La entrada del guitarrista José Antonio Fernández Mariscal -Niño- y la particular mano del productor Gonzalo García Pelayo, alma máter del rock andaluz, varían notablemente el sonido de este disco respecto al exhibido en el álbum anterior “Mas Allá de Nuestras Mentes Diminutas” (Trova, 1978). El sonido se hace menos dependiente de los teclados de Chano, que utiliza ahora el piano más que el sintetizador. El cantante, Diego, se equipara a Pepe Roca, de Alameda, por citar un ejemplo, en sus melismas aflamencados y adquiere una presencia mucho mayor. Y, sobre todo, las canciones se abrevian y se ciñen a estructuras más trilladas y asimilables que en su citado disco de presentación.

“Soñé contigo” es una buena muestra del rock andaluz más claramente reconocible, bien cantada por una voz mimada por el piano que preside el acompañamiento. Con menos gancho comercial, pero transitando por los mismos caminos estilísticos, encontramos “Despertar”.

Atmósfera onírica y alejada del título en la introducción de “Alegrías de Cai” para que el bajo y la batería aceleren el ritmo hasta convertirla en una desbordante composición que rezuma elegancia en las guitarras que navegan sobre un tranquilo mar de largos acordes de teclados, que acabarán por unirse también a la brillante coloratura. Un tema instrumental de lo más atractivo, en el que el entonces quinteto demuestra su competencia.

“Noche abierta” es un tema made in García Pelayo en su letra y su música, bien parecido a la fórmula que Triana, Medina Azahara o Alameda habían repetido hasta la saciedad. Se trata del tema más flamenco del disco y, tal vez, de toda la discografía del grupo. Se escucha con agrado y sin problemas, pero uno tiene la sensación de haberlo oído antes infinidad de veces.

Con “Extraña seducción”, Cai va a volver un tanto a sus orígenes de teclados alambicados y solos instrumentales. La canción está cantada a dos voces, lo cual contribuye también a conferirle un cierto aire distintivo respecto al resto de las canciones del LP.

Tras el breve cuento envuelto en ondas de sintetizador y aires de sicodelia de “La fábula” llega el tema más largo y ambicioso de todo el disco: “La roca del diablo” en la que se nota una compleja elaboración de rock progresivo en la que Cai se mueve como pez en el agua. Devaneo instrumental bien conducido por los teclados de Chano en el que confluyen el flamenco y el rock, la sardana y el jazz en una amalgama sonora no siempre del todo feliz, pero, que en la que parece que el productor concede a los chicos el premio de un recreo libre de imposiciones estilísticas para que se desparramen a gusto.

Chano Domínguez decía de este disco que “Gonzalo había recortado un poco el espíritu de la música por la música, no enfocada simplemente como un producto, pero que ese juego era beneficioso para todos, porque se vendieron varios miles de discos. Así es esto”.

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