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LaFonoteca, Disco: No Podemos Volver a Casa
portada del disco No Podemos Volver a Casa

Por avatares personales demasiado alejado en el tiempo de su “Cinco Minutos” (Annika, 2002), EP de debut de Mirafiori lo suficientemente bueno como para retener la posible expectación que el grupo había levantado en sus comienzos, sobre todo a raíz de la canción “Cinco minutos”, el lanzamiento de “No Podemos Volver a Casa” (Autopop / Elefant, 2006) pasa de forma más que discreta. Tanto es así que Mirafiori tiene que recurrir al Autopop, una fórmula de autoedición que Elefant usa para discos que le interesa, prestándoles su apoyo y cobertura, aun sin ser editados por el sello de manera oficial. Así, sale a la luz envuelto en un diseño que sorprende por lo poco cuidado del mismo para ser obra de Gregorio Soria, producido por Guille Mostaza de Ellos junto a Nacho Fernandez, compositor de todo el disco ya que en el momento de la grabación su compañero de aventura, Gonzalo Portellano, no estaba en el grupo, aunque para las presentaciones en directo volvería a la formación.

Es muy curioso que tras la salida del disco muchos hablasen de que Mirafiori sonase a otra de las bandas de Elefant, el dúo Corazón, cuando eran bastante anteriores. Es en estos detalles que se demostraba cómo habían sido superados por las circunstancias que rodearon a la banda como tal y el retraso en la llegada de este disco.

El álbum se inicia de manera excelente, abandonando un tanto el sonido sintético a lo Family buscando un nuevo enfoque mucho más acústico que les situaría en la órbita del folk americano de finales de los 60, con la preciosa “Recuerdos del lago artificial”, en la que Nacho vuelve a hacer gala de su buen ojo para la captura de instantes de vida. A esta le sigue “Agujeros en la arena”, que recupera la línea de tecno-pop delicado del EP y las maquetas. Menos representativa del momento actual del grupo, sin embargo elegida para ser radiada y hacer un videoclip.

Los infecciosos aires brasileños de “En la Luna”, con una letra escapista de metáforas espaciales (de nuevo Family… o Bowie) o la ajetreada “Estamos desafinados”, mantienen una línea de agradable regularidad pero en la que la sensación de linealidad en la que nada parece destacar de lo demás se hace un tanto evidente.

Y es que la percepción de un deja vu de ellos mismos termina por jugar muy a la contra del disco, pese a que algunas sorpresas como la tontaina “El idioma de las flores”, que sobrepasa el límite de lo cursi al que siempre solía mantener a raya la banda, o la épica de folk un tanto marciano en “Acto de constricción”, llena de voces femeninas, rompen un poco el tono (en un caso para mal en otro para bien) de un disco en el que también destaca y mucho la energética “Hasta que vuelva”, con un potente riff de guitarra en su intro que se repite en los puentes de la canción.

En definitiva, un disco con un acabado mate para unas canciones que pedían brillo, resumen de una época de vivencias personales como pequeñas anotaciones de un diario musical anónimo que quizá no trascendió porque no era ese su destino, ni siquiera su objetivo.

La belleza de las pequeñas cosas.

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Comentarios

foto del usuario José Luis Manzano
José Luis Manzano
20 abril, 2018 at 16:51

Gran disco, escucharlo después de tantos años me ha resultado muy agradable.

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