portada del disco Negro

Con lo primero que nos topamos al tener este vinilo en nuestras manos es con esa hipnotizante imagen de una parte íntima del cuerpo femenino, una imagen que a algunos atraerá y a otros repelerá. Una metáfora de lo que nos vamos a encontrar dentro, un intento de mantener oculto el contenido del álbum, un concepto ideado por Juan Pedro Parras Jarque, creador del sello Greyhead y productor del álbum, que puso en práctica el propio Fernando.

“Negro” (Greyhead, 2007) nació de la casualidad, sin, a priori, ninguna pretensión teórica y gracias a la insistencia de Juan Pedro. En él podemos encontrar rastros de los anteriores proyectos de Fernando, su inconfundible rasgueo de guitarra que nos recuerda a Balano en el tema “La sonrisa de Esther Vilar” o la locura controlada de Salchicha en “Cuando los pájaros vinieron a verme”.

El álbum es un ejercicio de desnudez donde nos encontramos con Fernando a solas con su guitarra, pero esto no es así en todos los temas. Para su grabación contó con la colaboración de su hermano Marcos, que toca la batería en los temas “La sonrisa de Esther Vilar” y “Cuando los pájaros vinieron a verme”, y de Alberto Montero, que pone los teclados en “Confesaos bien”, “61739”, y “Cuando los pájaros vinieron a verme”.

El disco tiene dos partes bien diferenciadas. En la cara A del vinilo se nos presenta el lado más accesible de Negro, aunque suene bastante extraño teniendo en cuenta que el tema que abre el disco, “Confesaos bien”, dura más de quince minutos. Pero es así, “Confesaos bien” es un tema acústico ejecutado magistralmente por Fernando, un viaje sonoro que deseas que nunca acabe y que por sí solo ya merecería la pena la publicación de un álbum. El resto de canciones de la cara A son “La sonrisa de Esther Vilar” -¿Un homenaje a la escritora argentina?- y el tema bluseroFerplay” donde Fernando demuestra el virtuosismo que posee con la guitarra, un instrumento que tiene pocos secretos para él.

En contraposición, en la cara B de este vinilo nos encontramos con el lado más introspectivo y denso de Negro. Se inicia con los rasgueos de guitarra de “Cuando los pájaros vinieron a verme” para dar paso a un ejercicio de orfebrería donde el caos empieza a reinar en uno de los temas más experimentales del disco. Después se abre paso con “G.H.”, donde prima la repetición como parte del juego, y “Craeyero #3”, el tema más, llamémosle, convencional de esta cara. Para cerrar el álbum nos encontramos con otra de las joyas del disco, “Gástricos al sol” perfecta banda sonora de las peores pesadillas que acaba con un clima post-apocalíptico que continúa con la onírica “61739”.

“Negro” es una obra mayúscula, detallista y creativa. Un álbum arriesgado de hacer pero del que Fernando sale con una nota inmejorable. Esperemos que no sea un punto y final como los demás proyectos que apenas duraron una sola referencia.

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