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LaFonoteca, Disco: Nadando a Crol
portada del disco Nadando a Crol

El año siguiente a la publicación de su debut, editan su segundo largo,  “Nadando a Crol” (Everlasting /RFTOS, 2000), un disco algo más complejo y ambicioso desde el punto de vista compositivo y de producción. “Nadando a Crol” es, ante todo, ecléctico. Más refinado que el anterior en cuanto a sonido (la mano de Kaki Arkarazo se nota en la pulcritud de muchas canciones), y en consecuencia, mucho más vendible. Tanto es así, que dos canciones del grupo saltarán a la grande y la pequeña pantalla: “¿Por que no?“ en el gamberro filme “Gente Pez” (2000) de Jorge Iglesias, y “Mi roulotte and I” en... el anuncio del Plan Nacional sobre Drogas (ejem) de ese mismo año.

Sin embargo, la verdadera novedad respecto al disco predecesor es que buscan la diferencia abrazando la música electrónica y el hip-hop, a veces sin pudor. Curiosamente sin que suenen instrumentos propios de tales estilos, como sintetizadores o baterías electrónicas. Me explico: en todo momento se busca la canción que mejor conjugue tanto la melodía del pop, con la rítmica de la electrónica, como la contundencia del rock pero todo ello utilizando guitarra, bajo y batería. Y aunque incorporan a un teclista, estos nuevos aires en las canciones están más bien condicionados por la forma de composición que por los instrumentos. El resultado son cosas como “Cómprate un arma”, “Trampas” o “Al zar lo que es del zar”, que, se encuentran en muchos casos cerca del rock bailable. Pero la sombra del hip-hop también es alargada, y por ello, nos encontramos scratches y algo similar al flow  en la procaz “¿Por que no?”. E incluso una base old school en la muy interesante “Kill the mosquito”, un thriller sobre una enorme plaga de insectos en el sur de la Península Ibérica.

A pesar de que este nuevo sonido es el protagonista de casi todo el disco, también nos encontramos un pop en estado más puro, al que se acercan desde diferentes perspectivas. Por un lado, la acústica y más íntima “Trece”, con una base rítmica proporcionada por una máquina de escribir, y la simpática “Mi roulotte and I”, casi un chiste tanto por ese ritmo robado al “Taxman” de The Beatles, como por el persistente arreglo de teclado.

La segunda mitad del disco es bastante menos afortunada por temas más mediocres como “Caprichosa” o “Suda la soga” que repite los mismos patrones de las primeras. Se salvan “Sobras”, más cercana al tono indie rock del anterior disco, así como la final “Baby sun”, en la que se percibe un intento de madurez, más por los arreglos, que por la composición en sí.

En su conjunto, un disco por encima de la media, gracias a unas acertadas composiciones que se concentran en la primera parte del disco. Sin embargo, el eclecticismo y el intento por sonar diferentes a veces no es un acierto, como en su segunda parte.

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