portada del disco Nada

Si la oscuridad planeaba por cada una de las canciones de "La Vida Mata" (GASA, 1990) y una especie de agonía rabiosa empapaba “Tras el Último No Va Nadie” (RCA, 1994), en esta ocasión la melancolía y la tristeza envuelven este “Nada” (Virgin / Chewaka, 1999), seña de identidad del grupo que queda clara desde el principio en ese juego de palabras entre el vacío más profundo y la invitación a un baño en la piscina que preside la portada del disco. Pero los tratados filosóficos no entran en los planes del grupo, sino que en esta ocasión nos entregan uno del mejor rock, conformando una de las mejores colecciones de canciones que nos han entregado nunca y que nos traen consigo ese sentimiento de pérdida que en ocasiones golpea fuerte a nuestra puerta. Porque no es sólo que la vida mate, si no que la vida a veces también duele.

El disco cuenta con una emotiva dedicatoria a An-tonio, Pepe Risi (Burning) y Poch (líder de Derribos Arias), tres ilustres personajes de nuestra escena que perdieron la vida durante su gestación y que en cierto modo marcaron su desarrollo. Manolo Benítez participa activamente en el disco y pasa definitivamente a formar parte del grupo, dejando de aparecer en los créditos de los discos como músico invitado. “Nada” destaca por su producción, a cargo del habitual Carlos Martos y el propio grupo, alcanzando un sonido brillante y minucioso en el que lo acústico está más presente que nunca.

La canción más emotiva del disco es la que le dedican al malogrado An-tonio. Josele comenta sobre su pérdida que le “jodió mucho porque era un tío con mucho futuro y muchos proyectos y mucha vidilla y yo quería hacer algo, una canción suya, pero claro, hacerla sin que él pudiera decirme qué le parecía o si le gustaba me parecía una falta de respeto, así que hice ésta, que habla de él". “An-tonio” es uno de los mejores temas de su carrera, con una letra que rebosa ternura, provista de limpias guitarras y brillantes cambios de ritmo. “Ná de ná” continúa la estela de “An-tonio”, la voz de Josele desprende emoción y candor, respirándose el orgullo del perdedor, la valiente resignación del que está acostumbrado a rebotar ante los golpes. Un tema redondo.

Desgarradora es “Me sobra carnaval”, compuesta por Josele Santiago: "Y cuando todo acabe / no quiero una piedra / encima de mí, sólo quiero tierra / y algunos frutales”. Y es que uno de los puntos fuertes son unas letras muy elaboradas: “Sal conmigo fuera / y sé feliz / trágate las muelas / dame más anís”, canta Josele en la etílica “Sangre, sudor y chicles de fresa”, compuesta tras que los médicos le recomendaron que dejara de beber, pues su vida corría peligro.

T.T.L.” es extraño, su título proviene del latín, "Tibis terra levis", que la tierra te sea leve. Es un corte instrumental que genera atmósferas densas y oscuras, en el que Chema Animal Pérez (batería) pone su voz a modo de salmo latino incomprensible. “Razas de Caín” trae consigo reminiscencias de rock español clásico, recuerdos de Rosendo que no acaban de funcionar del todo, porque la contundencia bien entendida viene con “No se lo cuentes” y un “No me distraigas  / le estoy haciendo un hijo al mar” que activa todos nuestros sentidos desde un primer momento.

Cierra “Animal”, medio tiempo muy pausado con aires acústicos, lógica enemiga y delicadeza a partes iguales.

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