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LaFonoteca, Disco: Música, página 2
portada del disco Música

Tras encadenar dos discos con una buena aceptación comercial, el insuperable “Atalaya” (EMI, 1981) y el dignísimo “Prohibido Maltratar a los Gatos” (EMI, 1982), la discográfica EMI le propuso al Gato Pérez grabar en Nueva York un álbum de lujo con los músicos que él quisiera. Todavía no había salido a la venta “Flaires de Barcelunya” (EMI, 1983), que a nivel comercial resultó un fracaso, y la compañía mandaba un mensaje al artista de que la apuesta iba en serio.

Así lo cuenta el propio Gato: “Elegí a Papo Luca, piano; Jeff Lorber, on keyboards. Marcus Miller, bajo. Steve Gadd, batería. Guitarras, Mark Knopfler y Paco de Lucía. Gato Barbieri al saxo. Ray Barretto al frente de la percusión. Sección de viento, Willie Colón, Perico Ortiz, Mario Rivera y Reynaldo Jorge. Contuve la respiración, previendo una carcajada. Pero no se rieron. Dijeron que muy bien, que adelante".

Pero la iniciativa no llegó a puerto. Aprobado un presupuesto inicial de nueve millones, y tras cambios en la cúpula de EMI, todo fueron evasivas. El batacazo de “Flaires de Barcelunya” acabó por echar atrás a los directivos de la compañía. Fue así que nació “Música” (EMI, 1983), un disco que pretendía suponer un salto al estrellato, sobre todo en Latinoamérica, y que resultó un sinsentido; un trabajo que granjeó al Gato un tremendo descontento, y su relación con las discográficas no volvió a ser la misma -“Gato x Gato” (Picap, 1986) ya se editaría con un sello independiente-. Se grabó entre Madrid y Barcelona, con la producción de Josep María Bardagí, y músicos de la Fania participaron a posteriori.

De las diez canciones que componen “Música”, cuatro son versiones de canciones que Gato ya había grabado en el estudio. Son “Todos los gatos son pardos”, “La luna en el mar” (con Dyango), “Sabor de barrio" (con el argentino Juan Carlos Baglietto) y “Tiene sabor”. “Es la voz” es un tema que el músico hispanoargentino compuso para Jordi Farràs de La Voss del Trópico, y que canta en el álbum por primera vez.

Pese al revés que marcó desde el inicio el disco, “Música” contiene algunas buenas canciones. La más destacada es la maravillosa rumba “Luna brava”, en la que Paco de Lucía y Diego Cortés aportan unas guitarras gloriosas y participa también Chango, otro nombre clave del género. Esta pieza demuestra que incluso en sus trabajos más anodinos Gato guardaba siempre algún momento verdaderamente brillante. La letra está llena de imágenes poderosas sobre el arte de la gente común, de barrio, con un estribillo demoledor: “Salió la luna, salió / para aprender la canción / que canta gente del Sur / en un bar del callejón”.

Otra de las piezas estimables del álbum es “Vete, bolero triste”, un homenaje al género. Es una canción con texturas y ritmos diferentes desde el principio hasta el final. Jordi Farràs de La Voss del Trópico, Manel Joseph de la Orquesta Plateria y la jazzista Carme Canela interpretan breves fragmentos de boleros clásicos.

El brillo” es otra buena letra del Gato que habla de lo imprescindible para vivir: “Si no hay brillo no se tienden esos puentes milagrosos / que conducen al castillo donde reina la amistad / todo el mundo reconoce los aspectos positivos / y en la gente descubrimos su profunda dimensión”.

“Nacío quemao”, que no llega a dos minutos de duración, habla de una de las grandes pasiones de siempre de Xavier: los coches.

“Música”, en suma, supuso una decepción mayúscula para el artista, que en su siguiente disco, “Ke Imbenten Eyos” (EMI, 1984), dio señales de hastío no solo hacia las grandes compañías discográficas, sino también hacia el propio género que con talento y atrevimiento había cultivado, la rumba. Gato se dejó seducir entonces por el funk.

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