portada del disco Mundo Fantasmal

A un ritmo impuesto inevitablemente por las obligaciones laborales y familiares por un lado, y por la participación en proyectos musicales paralelos por otro, el caso es que J. Horror sigue incansable dando muestras de vida desde las oscuridades que habita. Si con su última entrega, "Vampiros Unidos" (Rumble, 2014) balanceaba decidido por el lado más duro y hardcore del punk rock oscuro que define su propuesta, los planteamientos han sido otros para este "Mundo Fantasmal". De entrada ha dejado que sea su amigo Carlos (Lucky Dados), que ya le acompañara junto a Annie en Baby Horror, el que ponga el contrabajo a todos los temas. Eso ha hecho que el disco tenga un marcado carácter psychobilly (determinante en momentos como los de "Eres una bruja", "Aterrador", "Cabaña en el bosque" o "Boris Karloff" por ejemplo) forzando a que su horror-punk se impregne de ese toque rocker-rockabilly que, por otro lado, no le es ajeno para nada: veáse sino su debut "Chic-O-Billy de Lujo" (Resurrección, 2005).

J. Horror volvió a trabajar en su estudio casero a lo largo de todo el 2017 cuando iba encontrando los huecos para elaborar, artesanalmente como suele, los temas que componen el disco.

Comienza todo entre nieblas, las que se escurren entre compases del órgano oscureciendo a la Humanidad y creando el mundo fantasmal al que se refiere el título del disco y por el que tanto le gusta pasear al artista. Marca con su letra y sus maneras el tono del disco que viene a continuación.

El universo lírico de esta nueva entrega transcurre en su práctica totalidad en ese mundo espectral en el que viven brujas, zombies, muertos y mediums. Hay recuerdos para actores eternos del género de terror como Boris Karloff y leyendas acerca de cabañas medio abandonadas en el bosque que no deberías visitar. Todos estos personajes y ambientes fueron igualmente protagonistas de muchas de las composiciones de Baby Horror, al que por cierto suenan en, por ejemplo, "Me enamoré de una médium" y "Ella camina con los muertos", pero es cierto que en esta sección en solitario, J. Horror, suele primar y resaltar especialmente la componente más oscura y tenebrosa.

Tarda poco en descubrir la sorpresa que guarda el disco, que no es otra que la participación especial de Alaska, que canta en "Zombieland". La conexión con la cantante viene de largo porque J. Horror es uno de los refuerzos a la guitarra con los que suele contar Fangoria para sus giras de directos. Es por ello que la oferta una vez elaboradas las bases principales de la canción fue sencilla de formular. Una vez aceptado el cameo se procedió a la reserva de uno de los estudios de confianza de Alaska (los Estudios 54 de Juan Sueiro) y a la adaptación entre los dos de la canción al tono que mejor le venía a su voz.

De todos es sabido de sus amores con un zombie de su época con Dinarama, pero en este caso de lo que se trata es de una historia de entrecruzamiento entre la vida y la muerte: "Ese vestido te sienta bien / Parece como si estuvieras viva otra vez. Y no lo estás. Es la vida, la vida en Zombieland". Discurre esa simbiosis con el mismo pulso simpático y desenfadado con el que montaba Mecano sus cementerios poco serios.

Parecidas conexiones aceptando la ambivalencia entre el mundo de los vivos y ese otro, el de los muertos, el oscuro que de manera obsesiva se trata de ocultar, es el que vertebra "Ella camina entre los muertos". Por su parte, tanto "Me enamoré de una médium" como "Aterrador" exploran los puentes y lugares de confluencia entre ambas realidades: "Desde que te marchaste en casa todo sigue igual / No he movido ni un cuadro, veo la vida pasar. A veces pienso que el muerto soy yo", canta el protagonista de esta última, indicando lo que disfruta yendo a visitar la tumba de su pareja en el cementerio, al que puede llegar paseando.

Más cruda y quizás más interesante es la interrelación que se plantea en "La alegría de vivir". Vida y alegría convertidos en binomio inseparable pero que llegan precisamente por medio de la muerte, la que proporciona un cuchillo seccionando un cuello. Tiene además en lo musical un punto más duro en lo tenebroso, emparentándola más con el interludio instrumental de "Nocturno" que los aires más festivos de esos momentos cercanos a Baby Horror mencionados antes.

Es inevitable asimismo no acordarse de Ilegales y su "El número de la bestia" (otro tema que, por cierto, para narrar de lo tenebroso también se construye a partir de un armazón psychobilly) al escuchar "Cabaña en el bosque". Si el cuerpo del accidentado en la zona prohibida de los asturianos quedó como plastilina, J. Horror cuenta que el tipo que osó adentrarse en la cabaña terminó con el suyo como si fuera un Montaman.

Mario Feal se ha encargado del diseño de un disco que trae un libreto interior con letras de las canciones y apasionados textos sobre el artista tanto de Carlos Moral como de Jorge Larreina, responsable de Rara Avis, tienda que ejerce de distribuidora de este "Mundo Fantasmal".

Nueva zambullida de J. Horror por lo oscuro, y como en sus principios, con el tono psychobilly ya mencionado que resulta todo un acierto. Muy muy apetecible.

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