portada del disco Monstruo #3

El segundo álbum de Monstruo, numerado con un tres por razones que solo ellos conocen, supone un paso adelante en cuanto a producción con respecto a la radicalidad ruidista de su debut. La banda se apoya en el productor Gabriel Rebollo para añadir matices a sus canciones y parecen buscar la inmediatez en varios de los temas. En “Desconéctame”, por ejemplo, vuelve la obsesión del cantante Theo Ziz por lo biológico (“lame mis heridas, regurgita mis comidas, ¡hoy quiero ser tu vegetal!”) y en “Ciclos y hormonas” describen el tedio ourensano contemporáneo (“No importa, ya no pasa nada, demasiadas veces nada, nada otra vez”).

Su lado oscuro se encuentra presente en la inicial “Equipo humano” (“No me pidas una explicación / sé que hay algo por detrás / tiene que haber algo más”) y, sobre todo, en “Si”, con su atmósfera opresiva (“Sigamos, sigamos siendo iguales / siendo solo los recuerdos / de un cadáver”). Cierra el disco la ambiciosa “Toni Colombo”, en la que introducen percusiones e improvisan sobre un riff gomoso hasta pasar por la psicodelia, el krautrock y el noise más ruidista, valga la redundancia.

En muchos sentidos, supone un paso adelante para el grupo pero peca de una cierta inconsistencia por su variedad estilística. La producción mejora lo precedente pero no parece captar la esencia caótica de la banda. Sin embargo, es suficiente para seguir atentos a lo que hagan.

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