portada del disco Mientras Respiremos

Después de la explosión de ansiedad, la desorientación y el desorden que se desprendía de la anterior entrega, el sonido de este disco es mucho más pausado, maduro, próximo a una línea casi más de cantautor, incluso de country, que de rocker, aunque sin olvidar las raíces rockeras.

Parece que Gabriel Sopeña es, en lo musical, y en la capacidad de convicción, una especie de Gram Parsons hispano, una persona capaz de convencer a todos los músicos que se cruzan en su camino para que abracen sonidos de aire folk, country o sureño. Con Loquillo, como ya había pasado con Mauricio Aznar y sus Más Birras, vuelve a ocurrir. Y, de nuevo, con bastante acierto.

Hay espacio también para el rock, un rock, eso sí, más maduro, más pausado aunque, la mayoría de las veces, igual de espeso que en "Hombres" (Hispavox, 1991), con el que comienza el disco, en canciones como "Los olvidados", "Hoy he vuelto a beber", o la composición del músico militante del movimiento mod Javier Sun (que fue líder del grupo Los Scooters) “Dime ¿Por qué?”.

Por primera vez desde el disco de debut, Loquillo introduce hasta tres versiones, la excelente “Balada para un viejo sombrero”, de Aurelio y Los Vagabundos, la no menos brillante “Maldigo mi destino”, de Los Sirex, y la adaptación al castellano del clásico de Johnny Cash, “El hombre de negro”, realizada por Gabriel Sopeña.

Del resto de canciones, con letras de Loquillo, se encargan entre Sergio Fecé, Ricard Puigdomenech y el propio Gabriel Sopeña, que entrega la mejor canción del disco, “John Milner”.

Además de las canciones de rock moderno y de folk, hay sitio para canciones más sencillas y pegadizas, para el rythm & blues de bar, al estilo de clásicos de la banda como "El Rompeolas", que aparece en canciones como "Mientras respiremos" o "Cuentas pendientes". Tambiçen hay sitio para el estilo cantautor, mirando a Francia, como en "La Cofradía".

La polémica, por su parte, hizo su aparición con el tema “Los ojos vendados”, una historia sobre torturas policiales que incluso tuvo un vídeo realizado para Amnistía internacional, y que algunas televisiones se negaron a emitir y le traería a Loquillo algún que otro dolor de cabeza.

En definitiva, Loquillo y Los Trogloditas dan un gran salto, mejoran mucho respecto de la anterior entrega, ordenan un poco el sonido y marcan buena parte de los estilos que van a seguir en el futuro, dando la sensación de haber encontrado ya la fórmula que mejor les va.

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