foto del grupo Mermelada de Tomate

El que "Mermelada de Tomate" (Cydonia, 2004) fuese grabado en algo más de una semana, en este caso no supone un hándicapen absoluto, ya que el disco se aprovecha de la improvisación para convertirla en frescura.

De acuerdo, digamos que no son unas virtuosas con sus instrumentos. Digamos también que incluso algunas letras en este su debut pueden sonar inofensivas y bastante evidentes. Pero aunque tengamos en ese lado de la balanza algo tan solo aparentemente negativo (luego explicaré por qué), uno conecta su reproductor para escuchar la primera "Iba a decirte" y se le enciende la luz. Percibe, no sólo encanto, sino unos pocos recursos utilizados de la mejor y más homogénea forma posible. ¡Que se pierdan los virtuosos! ¡Viva el amateurismo!

Con unas frases cargadas de ironía y no exentas de gracia, unos arreglos al más puro estilo Pixies, unas voces que alternan con una melodía envidiable, ya no quedan ganas de quitar el disco hagan lo que hagan en el resto de las canciones. Y lo que hacen es precisamente divertirse, desplegar energía y, encima, sacarse canciones dignas de las mismas The Breeders.

El single que extrajeron de "Mermelada de Tomate", "Invisible sin desaparecer del todo" es una buena forma para calibrar a Sibyl Vane: sueltan una ráfaga cuando menos te lo esperas, se exponen sin escudo y gritan. De hecho, el videoclip retrata al grupo en su local de ensayo donde parece que improvisan, pero en el que tienen muy claro cómo y donde poner el cañón para que salga disparada la bala de ese poderoso estribillo. "Pomme de terre" también apabulla, aunque desde los primeros compases y en francés. La temática no resulta incongruente: de las relaciones y lo más negativo de las mismas en "Hey na na na", al abandono de espíritu en "Pachorra"  y al "que se jodan" en "Yo disparo tú", valiéndose aquí de un chulesco inglés.

Para finalizar, "Hongos", casi una celebración lisérgica de no ser porque aborda las vicisitudes sexuales de forma socarrona. Y ahí, escondida, tras ese festival final, un tema acústico, sin nombre y abiertamente sincero, pero que no desentona con el resto del álbum a pesar de su intención claramente confesional.

¿Riot girrrls? Se lo toman con mucho más humor y de forma menos drástica, la verdad.

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