portada del disco Mecanismo

A pesar de las disidencias con respecto de las mezclas finales de alguno de los temas de la anterior vez que La URSS editó sencillo en solitario, aquel "Europa / Última Guerra" (Bowery, 2007), la banda tuvo que quedarse con buen sabor de boca de la experiencia en formato corto. Este "Mecanismo" (La Corporación, 2011), justo después de sacar su primer LP "Producto" (La Corporación, 2009), es un ejemplo de ello.

Si un disco contiene cuatro canciones y las cuatro te parecen espectaculares es de recibo pensar que el disco es buenísimo, ¿no? Algo así me ocurre con este sencillo. Con un sonido perfectamente perfilado entres las oscuridades que de siempre han gustado a los andaluces, una querencia a los modos de los Dead Kennedys y una afilada percepción para denunciar las rutinas deshumanizantes de estados monstruosos, cualquiera de estos cuatro temas podrían ocupar plaza por derecho propio en lo más alto de la lista de lo mejor de La URSS.

Grabado en los estudios Tigruss de Gandía (Valencia), donde ya fueran a registrar las canciones que irían en el LP "Producto", a principios de 2010, justo antes del inicio de su gira norteamericana, el disco no vería la luz, sin embargo, hasta el año siguiente.

Se editó de forma autogestionada, por medio de ese auténtico brazo armado de la banda que es La Corporación. Portada blanquinegra con diseño similar a la que hubieran podido utilizar combos míticos de las oscuridades como Bauhaus o Killing Joke, el nombre del grupo y el título del disco ofician de burka opresor de unos ojos que nos miran fijamente.

"La ira empieza en casa" es la que abre el fuego. Con ella además las letras mordaces contra el día a día que hemos admitido como normalidad y que no hace sino disparar el monstruo en que se pueden convertir las personas. El hogar es en realidad un semillero de odio y rabia. La familia despierta las ganas de matar. No sé hasta que punto la banda se mueve a gusto con las comparaciones con los Dead Kennedys pero aquí, en guitarras, aires y coros, como en "Hasta fin de existencias", da gusto percibir las posibles similitudes. Sinceramente pienso que no está al alcance de cualquiera sonar así, por mucho que se tenga que arrastrar la continua comparación.

Referencias abundantes a productos, en su versión más negativa como hez, resultado de una mala digestión del aparato social. Las hay en "Somos un producto", corta pero intensa en su martilleo.

Para el final, una pequeña maravilla "Dicen", que algo más remolona suena a unos Joy Division con una aceleración que nunca quisieron imprimir los de Manchester. Quizás la mejor de las cuatro.

Si hubiera que poner alguna pega, eso sí, apuntaría a lo complicado que se hace entender las letras del micro de Áfrico. Y es una pena porque no son intrascendentes, sino que constituyen acertada prosa antisistema.

Imprescindible.

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