portada del disco Más Madera

En este su segundo trabajo nos encontramos ante una dualidad desconcertante: buenas canciones aderezadas con una mezcla de estudio pésima. El grupo encuentra el responsable en la producción; el propio Ramiro Penas declararía que Teddy Bautista hizo con el disco “lo que le salió de los cojones”.

El disco empieza con un más que criticado sintetizador -"Insisto"- que nos muestra unos Leño más new wave, dulcificados y pop que en su anterior trabajo. Poco a poco el devenir de canciones van mostrando un sonido de regusto empalagoso, sin vida, carente de frecuencias medias al final de la mezcla, aunque detrás se escondan algunas de las mejores composiciones del trío madrileño. Los arreglos y las letras son más elaboradas, con un sello de rocanrol de barrio inconfundible al que ellos y otros grupos de la época como Topo, Asfalto, etc. estaban dando forma. Prueba de ello es que una de las canciones más recordadas de este grupo se encuentra en este disco: “Cucarachas”. Un tema que permanecerá siempre grabado a fuego en la más insigne historia del rock en este país.

En definitiva, un gran trabajo compositivo echado a perder por el resultado logrado en estudio. Un mal sueño ochentero a base de guitarras con más chorus que distorsión, unas baterías aberrantes y un bajo apagado; por otro lado unas canciones más pensadas, hechas con la tranquilidad que da tener un disco en el mercado y una buena legión de seguidores. Pero suena mal, sinceramente mal.

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