portada del disco Madre Ciudad

Muchas cosas han ocurrido desde el anterior álbum firmado por Pedro Ruy-Blas. Han ocurrido tres LP con Dolores, una larga temporada en Nueva York, un matrimonio y un hijo, y un cambio radical de gustos musicales en buena parte del público.

Pero el cantante sigue fiel a su estilo y sigue en el empeño de fusionar sonidos y procedencias, como siempre acompañado de una superbanda de amigos músicos: Carles Benavent, Tito Duarte, Jorge Pardo, Larry Martin, Tony Aguilar...

Un disco importante dentro del parco panorama del jazz fusion español y en castellano. Ya de entrada nos sorprende la irónica y marchosa “Me he debido morir” con ciertas concesiones a la comercialidad. Aires de blues y voz desesperada para un tema árido titulado “Una canción”. Y llegamos al excelente tercer tema que prácticamente roba todo el disco. “Al doblar una esquina” se inicia con un preludio de saxo que crea el misterio necesario para que Pedro se arranque a cantar sobre un tenue lecho de teclados y una percusión juguetona en el segundo plano, y de nuevo ese saxo impaciente que aquí nos recuerda mucho al del Gato Barbieri. Todo ello para que una voz que teje y desteje arabescos andaluces cargados de oscuridad.

El “Monólogo de Judas” es una pieza funky de ritmo variado, quizá la menos interesante de todo el álbum.

Despliegue colorista para “La penúltima copa”, una canción que bebe aguas hispanas y santaneras. Un ritmo acelerado y casi bailable que desborda alegría gracias a la percusión y a un cantante que se vuelve literalmente loco en una larga improvisación vocal. El bajo de Carles, como en casi todos los temas, juega un papel fundamental compaginando tareas rítmicas, armónicas y adentrándose en la melodía.

Con “Madre ciudad” vuelve la calma silenciosa solo rota por la bocina del saxo soprano de Jorge Pardo y la obsesión de un coro que repite el título de la pieza.

Un buen disco que pasó del todo inadvertido en su momento y que hoy los buenos aficionados reivindican y buscan en las tiendas de segunda mano. Supuso una empresa loable en momentos difíciles para el estilo. Con todo, una obra fría y perfeccionista que señala la escasa evolución de Pedro y su gente en los años que van desde 1975 hasta 1984, pero que también señala el cénit de un estilo.

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