portada del disco Luna Llena

Con este LP Pedro cambia radicalmente de estilo. Se rodea de un grupo de músicos jóvenes que se movían en los aledaños del jazz para los que compone junto al productor Carlos de la Iglesia, antiguo compañero de inicios en Los Grimm, los temas de este disco.

Tiene la frescura de las obras ilusionadas y rompedoras, y una riqueza tímbrica importante. Pero también tiene varios hándicaps significativos. Los músicos se pierden a veces en detalles innecesarios, el tempo de la mayor parte de las canciones es más o menos el mismo, lo cual le confiere una cierta monotonía.

El primer tema, compuesto por el guitarrista Tomás Vega, es un ritmo de samba sobre el cual la voz solista monta una melodía con ciertos dejes andaluces, un tema eminentemente acústico y de fácil escucha para abrir el álbum. En “Vivo de cualquier modo” el piano, desplaza al solista. Una música instrumental sin solos al uso que por momentos se hace difícil de digerir. Quizá es la pieza más especulativa del disco.

En “Lina” el alma se le sale por la boca. Dedicada a su hermana mayor, se convierte casi en una conversación familiar: “yo no te supe comprender, era tan solo un niño, pequeña marioneta de otras vidas”. Un despliegue vocal importante con el apoyo de la flauta de Jorge Pardo para un blues desestructurado. Personalmente, me parece la mejor pista.

La canción que da título al LP es otro tiempo lento con un acompañamiento prácticamente ambiental sobre el que Pedro debe cantar con escasas referencias tonales. Un tema conceptualmente atrevido que exige atención en la escucha. De nuevo la flauta en su registro grave subraya al cantante.

“Déjame a mi aire” es sin duda el tema más comercial de todos, sigue la línea del rock andaluz trufado de elementos jazzísticos. Fue la elegida para publicarla en formato single. Nos recuerda a algunas cosas de sus contemporáneos Triana. El tema más largo del disco es “La libertad”. Un poco en la línea de la anterior con intervención de coros desordenados y un marcado acento funky al que la voz se acopla a veces con problemas.

“La luz maravillosa del amor” es el tema más pop y movido. La voz nos regala un ejercicio de calidad al alcance de pocos. En el acompañamiento se luce una batería de ritmos complejos. En la canción que cierra el álbum vuelve lo acústico. Es la más parecida a la producción anterior de Pedro, aunque con un largo puente instrumental con un relativamente largo solo de guitarra.

Entre los músicos que acompañan a Pedro Ruy-Blas citar a los entonces jóvenes prometedores Tomás San Miguel (piano), Jorge Pardo (vientos), José Antonio Galicia (batería) y César Berti (percusión) que al año siguiente formarían con él Dolores. También citar al curtido veterano Álvaro Yébenes (bajo), ex de Los Continentales y de Canarios, donde había coincidido con Pedro.

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