portada del disco Los Ojos del Gato

De nuevo con Carlos Narea a los mandos, Luz continúa perfilando el sonido de su debut en este “Los Ojos del Gato” (Serdisco, 1984), que se abre con la estupenda canción homónima, probablemente una de las mejores de su primera época. Sin embargo, a pesar de lo dicho, aquí se da un sonido más sobrio y por momentos algo más oscuro y misterioso que en el anterior en canciones como “Los ojos del gato”, “Secreto” o “Prisionero del sueño”, entre otras. También hay otras lentas; por ejemplo “Sin ti” -con arreglos de cuerda y una factura mucho más madura que en el resto del conjunto- o “No es así”. Con demostradas dotes para el género, en estas canciones se busca el perfil baladista de Luz -y así se hará también en sus próximos discos- incidiendo más en la cantidad que en la calidad; falta el toque significativo que la defina. Por otra parte, en la otra cara de la moneda encontramos “No llevo dirección” o, sobre todo, “Detrás de tu mirada”, canciones rock muy potentes con mucha más enjundia.

Así que, a grandes rasgos, se dibuja cierta progresión más allá de los parámetros marcados por el álbum anterior, y aunque no demasiado profunda, sí es lo suficiente notable como para destacar la propia personalidad de este álbum.

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