portada del disco Los Faros

Los Faros plastifican en su debut un LP, algo muy poco habitual en ese momento y mucho más si los doce temas son composiciones propias. Se muestran como una banda aguerrida en la que destaca un pop sin complejos basado en que todos ellos cantan aceptablemente y arropan a Juan Francisco, la voz principal. En lo instrumental destacan la ambivalencia guitarra/teclados de Jaime y la guitarra en la mejor onda british de Pedro que se adueña de casi todos los puentes instrumentales. Letras ocurrentes y banales, ritmos rapidillos y sonido que recuerda no poco al de una sala de ensayo y duración que no excede de los dos minutos y medio.

Entre las canciones encontramos el ritmo fuerte de la editada en single: “A todo gas”, la rollingstoniana “No tiene nombre” cantada por la voz aguda de Jaime con un ritmo machacón y un bajo percutiendo la misma nota, monótona hasta la extenuación y solo rota por un buen solo de guitarra. La jaranera, coral y humorística “Se llama Eufrasia” en la que el cantante es contestado por el grupo que repite todo lo que va cantando la voz principal. En “Poderoso caballero es don dinero” vuelven al ritmo frenético y a la guitarra punteando todo el tiempo. Cierra la cara A una pretendida marcha fúnebre con coros lastimeros y pandereta. Es el tema “raro” del disco y el cachondeo lo pone la intervención de un kazoo o trompetilla, aunque la letra, poco inteligible, no se sabe si va en serio o de coña.

“Ojos sin vida” había protagonizado el single que anticipaba el lanzamiento de Los Faros. Es lo mejor del LP y el cantante se luce en un tema cercano al rhytm´n´blues con intervenciones del órgano, un poco en la onda Animals, salvando muchas distancias. Sigue en orden de escucha “Hijo de papá” un rock de letra crítica y con voz fuera de tono en algunos momentos. “Sueño de estrellas” es una buena canción coral directa y poco elaborada. También coral es “Olor a menta”, pero con voces desordenadas y es que vocear al unísono no es hacer coros.

Las dos últimas canciones poco más aportan. “Tortilla de patatas” es graciosa y algo más rica en instrumentación que las compañeras del álbum. La guitarra rítmica machaca sin piedad el ritmo y las voces van un tanto forzadas en las notas altas, haciendo muy difícil entender qué está diciendo la letra. “Flor negra” es una baladita con ciertas reminiscencias folclóricas en su melodía ingenua y en un acompañamiento sin más chicha que una guitarra anodina y un fondo indefinido de bajo y batería.

Un LP que nos muestra que seguramente Los Faros era un buen conjunto de directos, pero con un problema para dar el salto a banda puntera y es que no hay un solo hit claro que sirviese para lanzar una carrera.

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