portada del disco Los Contentos

En el 88 llega el primer trabajo de Los Contentos. Un intenso viaje en seis etapas. La primera comienza con una guitarra acústica, una armónica y aires folkies que terminan derivando en riffs eléctricos: “Cuando ríes”. Se trata de su gran hit, una canción que deja claro que la belleza y la poesía pueden encontrarse en cualquier lugar y en cualquier instante, hasta en la cotidianidad más simple.  Un ejercicio costumbrista, con un claro instinto poético. En ella expresan sentimientos haciendo uso de su propio lenguaje, lanzando un mensaje puro y espontáneo cargado de emoción. “Here comes the wolf” ya es un ejercicio garage intenso, cantando en castellano pese al título en inglés, en el que Los Bichos de Josetxo Ezponda no están tan lejos.

Se acercan al “I’m not like everybody else” de los Kinks. Una verdadera declaración de intenciones: “Y no voy a contentarme con lo que me dejen los demás y fingir encima una sonrisa / Y no voy a dejar que esto quedé así / Porque una vez que empiezo llego hasta el final / Porque yo no soy como los demás / Yo no soy como los demás”. Está claro que la composición de Ray Davies deja un marcado poso de autenticidad, fuerza y orgullo propio, ya de por sí. Pero que Los Contentos elijan esa canción para su primer disco, no es un hecho anecdótico. Es un grito de orgullo, un canto de reafirmación en lo que uno es y en lo que uno cree.

Hoy en día es una canción eterna, al margen del tiempo y la distancia. En principio  “I'm not like everybody else” fue compuesta por Ray para The Animals, pero estos la rechazaron y los Kinks deciden grabarla en el 66 con una peculiaridad: con el guitarrista Dave Davies en la voz principal, rompiendo la norma del grupo de que cada hermano Davies cantaba las composiciones propias. Se editó como cara B del single “Sunny Afternoon” (Pye, 1966), aunque los propios Kinks regrabaron la canción en varias ocasiones, la última en el disco “To The Bone” (Konk, 1994), un directo acústico editado dos años antes de la separación de la banda.

La casa vacíatiene una clara candencia truculenta, se trata de un corte intenso armado con un órgano y unas cuerdas realmente intensas. La llama prende y el fuego camina con nosotros. La electricidad fluye, iluminando el cielo en la noche. Los riffs nos contagian, trayendo aires de celebración nihilista, ritmos repetitivos y aullidos que nos recuerdan queEn la casa vacía laten corazones”, que “Sobre los sillones, hay caras cortantes, caras vacías”.

En Estoy sólo tiran de armónica y Farfisa. Cierran con “Tanatonato” cantando en gallego:Atopei á raíña das festas en Conawell, pedindo guerra do outro lado da barra”. En el disco nos encontramos temas en castellano, inglés y gallego.

Su siguiente trabajo sería a la postre el último, “Los Contentos 2” (Sons Galiza, 1990).

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