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LaFonoteca, Disco: Los Amores Ridículos
portada del disco Los Amores Ridículos

“Los Amores Ridículos” (Limbo Starr, 2006) toma el nombre de una obra de Milán Kundera, “El Libro de los Amores Ridículos” (1968), un conjunto de relatos que describe a una serie de personajes que viven lo absurdo y contradictorio del amor, el sexo y la amistad. Y precisamente, algo de eso hay en el disco de Fantasma #3. De ambiente casero y en muchos momentos íntimo y amargo, por el disco también desfilan personajes imposibles, deseos y reflexiones propias y ajenas, en las que se nota la pluma de De la Rosa en muchos de los versos.

Si el jerezano es el vocalista en la mayoría de ellas, en tres es Vinadé quien pone su voz. Una de ellas, la que abre el disco, la nostálgica “Todo puede ser”, una canción de esas que parecen haber sido compuesta al calor de una habitación. Una apertura que muestra el sonido imperante en el resto del disco. Si bien la nostalgia parece impregnar la mayoría de los temas, también se encuentran historias muy en la línea de Julio de la Rosa, como la segunda “Aguafiestas”, en este caso, hecha al calor de un bar. “Vivir”, en cambio, es la canción en la que suenan más a grupo, y a pesar de su pesado desarrollo, se sostiene gracias a una gran melodía, y a una letra amarga pero reivindicativa. Casi un himno post ruptura emocional.

Cada canción merece que el oyente se detenga un momento. Todas ellas tienen el encanto ya sea el que desprende la propia música con esos arreglos de guitarras tan mediterráneos, como por la lírica de Julio de la Rosa. “Un sueño” es un gran ejemplo de ello, que va despertando casi con pereza. La simpática y tropicalista “Robisones” es de las mejores del álbum, a pesar de su corta duración. Luego, vuelve lo canalla con “No more dramas”, en torno a la mujer fatal.

Otra de las historias más bellas del disco es “La chiflada del paraguas”, sugerente, con alma poética y contada de la misma forma que la haría el tristemente desaparecido Sergio Algora. Continúan las historias llenas de melancolía como “Alfileres y estrellas”, que canta Vinadé y de la que casi no hay duda de que es suya. Al igual que la citada “La chiflada del paraguas”, “Ana” es también una historia mágica protagonizada por otro personaje confundido y absurdo, pero lleno de encanto. En “Éramos tan grandes” vuelven a mirar hacia atrás con amargura, mientras la canción se mueve inquieta y amenazante, dando con la parte más intensa del disco.

Para despedirse, la mejor de Vinadé, “Canción para no pensar”, psicodelia de andar por casa, y la ensoñadora “Lo que queda de verdad”, con un sonido cercano a Los Planetas. Un disco que mira hacia atrás sin miedo, pero que sabe que de hoy en adelante, como repiten en la primera canción, “todo puede ser, pero no como antes”. Como su música. De lo mejor de la década.

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