portada del disco Lo Que Aletea En Nuestras Cabezas

Lo de Robe Iniesta me parece calcado a una escena de la maravillosa película "Amanece Que No Es Poco" (José Luis Cuerda, 1989) en la que un hombre se asustaba por enésima vez de ver a su sobrino de cuarenta años que resulta ser negro; cuando el pobre hombre se queja a su madre (interpretada por la siempre maravillosa Chus Lampreave) de que siempre hacía lo mismo tras cuarenta años viviendo juntos, esa madre tocada por la varita mágica de la sabiduría popular espeta: “Pues si a su edad no lo ha aceptado, ya no lo acepta. ¿Para qué nos vamos a engañar?”. Pues con Robe Iniesta nos tiene que terminar pasando un poco lo mismo. el Robe de “Estado policial”, que cantaba eso de “cierro los ojos y el recuerdo me mata, vuelvo a la vida si te abres bien de patas”, el Robe con el que subía la marea ya no va a volver, o al menos no tiene pinta de que vuelva. Dicen los de la vieja guardia que los conciertos son cada vez más profesionales, que el sonido está cada vez más cuidado, pero que las canciones de la nueva hornada van empujando a los que fueron himnos de por vida.

El debut en solitario del cacereño confirma esta nueva forma de trabajar, ahora sin la presencia de su mano derecha Uoho, que mantenía la inclinación por el metal y se cargaba a las espaldas el trabajo cada vez más complicado con las guitarras y la producción. Nos encontramos un disco mucho más tranquilo, un Robe menos encajonado en las estructuras rockeras de Extremoduro: “Un suspiro acompasado” abre con una cálida melodía al que poco a poco se van incorporando instrumentos, muy en la línea de "Material Defectuoso" (Warner, 2011).

En los cortes del disco, Robe parece perderse y reencontrarse a sí mismo; vamos viendo arreglos de cuerda (muchos), también hay mucho saxofón -el solo de “Nana cruel” es para enmarcarlo- y no falta el acercamiento al flamenco de Robe (no llega a las altísimas cotas de calidad de aquella “Coda flamenca”); por otro lado, los toques reggae de “Por ser un pervertido” pueden poner nervioso a más de uno.

Pero Robe vuelve a retomar el timón con “Guerrero”, quizá la mejor canción del disco, donde el extremeño se nos presenta con su verbo desnudo, a pecho descubierto y agitando la espada al aire en un tema emotivo e inspirado que da paso al cierre de “Contra todos” donde un Robe muy sincero arremete jugueteando con la bossa.

En definitiva, un experimento sonoro y una mezcla de todo lo que había por la botica del bueno de Robe que, al final, ha hecho lo que le ha dado la gana. Otra vez.

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