portada del disco Lo Niego Todo

Tras ocho años sin publicar material de estudio, Joaquín Sabina vuelve con novedades sobre viejos temas. Y es que el jienense no solo repasa su trayectoria profesional y vital en este nuevo álbum, además lo hace acompañándose para la producción de Leiva; en una decisión que ha sorprendido a propios y a extraños.

Cierto es que como se ha dicho mucho en la promoción, Sabina habla mucho de sí mismo, de lo que de él se habla y se opina –ahí queda la mención para mí siempre desacertada del Dylan español, que él mismo insiste en negar– en un tema coescrito con Benjamín Prado. Pero vayamos por partes. En los doce cortes del disco lo primero que viene a la cabeza es que el disco suena muy a Sabina, ya que sin ningún subterfugio se refugia en los ritmos que han marcado su carrera y le han hecho grande: AOR, rumba, pop melódico… todo con cierto toque sureño y con el regusto de su amada Latinoamérica (“Postdata” es un buen ejemplo de ello), y enlazando lo dicho más arriba decir que la producción del citado Leiva pasa el examen con nota.

Tras el silencio también queda claro que Sabina no se ha olvidado de escribir. Las letras son de nuevo a prueba de balas, cada una es una historia (o tres como por ejemplo “¿Qué estoy haciendo aquí?”) que merece ser escuchada como la hermosa “Leningrado” o la intensa “Sin pena ni gloria”, “No tan deprisa” sirve para que Sabina se acuerde (de nuevo) del gran J.J. Cale.

Quizá la gran paradoja es que siendo un disco muy personal a lo mejor no es el más adecuado para empezar a escuchar a Sabina; ahora bien quien ya sea aficionado lo tendrá más fácil para disfrutarlo. En cualquier caso ahí queda un trabajo serio y muy sólido, ámenlo u ódienlo; las opciones son muy claras.

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