portada del disco Llamadas Perdidas

Y lo volvieron a hacer, apenas seis meses después de “Se Hacen los Interesantes” (Grabaciones en el Mar, 2003) La Costa Brava volvía con un nuevo fascículo de su filosofía musical dejando claro que su ritmo no respondía a los ciclos impuestos por la industria. Debido al desenfreno creativo del quinteto, Grabaciones en el Mar todavía no se encontraba en condiciones de editar otro disco y Pedro Vizcaíno, el hombre a los mandos, animó a Sergio Algora a buscar otras opciones. Se quedaron con la primera que se presentó, Mushroom Pillow.

Dos cosas destacan de este cuarto álbum: la consolidación de un estilo y espíritu propios del grupo, abrazado por todos sus componentes y el aumento de su notoriedad pública. De las dos sólo la segunda es responsabilidad de su nuevo sello, que para el videoclip del single “Adoro a las pijas de mi ciudad”, clásico instantáneo, contrató al realizador Nacho Vigalondo, entonces nominado al Oscar por su cortometraje “7:35 de la Mañana” (2003) y que en 2008 debutó en el largometraje con “Los Cronocrímenes” (2008). La versión de Vigalondo, con unas pijas de verdad cantando en un karaoke, no convenció a Mushroom Pillow y la versión final del videoclip acabó siendo protagonizada por otro ilustre maño, Borja Laude, mejor conocido como Bigott.

Sobre la primera cuestión cabría hacer una puntualización y es que no habían pasado ni dos años desde que el grupo comenzara su andadura, pero su sonido se encuentra completamente consolidado en este punto. Es de suponer que la confianza que esa madurez les otorgaba como banda, motivase que, curiosamente, “Llamadas Perdidas” (Mushroom Pillow, 2004) acabara siendo su disco más “experimental” (entre comillas), con un derroche de psicodelia propio de otras décadas. Enrique Moreno, batería de la banda, firma dos temas, “Hotel Dulce Nombre” y “Canción para Beyonce Knowles”, demostrando de nuevo que el clima de seguridad y amiguismo (musicales), la camaradería que los caracteriza, funciona como detonador de talentos inexplorados.

Ponerse a destacar lo mejor de un disco como este no es fácil, no por defecto, sino por exceso. Desde que suenan los vientos en el inicio de la deliciosa “Falsos mitos sobre la piel  el cabello”, un melancólico canto a la amistad, razón de ser número uno de La Costa Brava, seguida de la archi psicodélica “Vuelvo a ser yo” (que contiene algunas de los mejores versos del disco) y del hitazo “Adoro a las pijas de mi ciudad”. Este potente arranque ya te agarra por la pechera desde la primera escucha negándose a soltarte hasta el final. A partir de ahí una sucesión de grandes canciones van desfilando mientras pasan los minutos. “Mi última mujer”, “Los jóvenes realizadores”, “El cumpleaños de Ronaldo” (dedicada a la Vania Millán que salió ahogada en lágrimas del cumpleaños del futbolista ante todas cámaras presentes), la ya mencionada “Canción para Beyonce Knowles”, la oda al reality de culto “Confianza Ciega” y para finalizar, después de la ráfaga de metralla, “Treinta y tres”, un tema acústico sobre la sensación de hacerse mayor, que pone el punto y final con un golpe de efecto emocional, al menos para sus fans treintañeros que, sorprendentemente, parece que son los menos numerosos. Por pedir, una pediría que le explicasen, eso sí, qué necesidad había de incluir esa versión barroca de “Dos Ostras”, pues no parece aportar nada nuevo respecto a la versión inicial incluida en su anterior trabajo y que, todo sea dicho, es perfecta.

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