portada del disco Lipstick Traces

A todos los que nos apasionamos con Mishima gracias al "Set Tota la Vida" (Sinnamon, 2007) nos cuesta dar marcha atrás a sus trabajos anglosajones. Sí, nos flipa el "Trucar a Casa" (Discmedi, 2005) hasta el punto de considerarlo sentimentalmente mejor, pero ahí acaba el feedback; quizá los fans de Love of Lesbian me entiendan mejor. Ha sido tal la apertura, la consolidación, la conexión con un público que no podían ni soñar, que ahora todo lo anterior parece un error juvenil, y hasta ellos mismos parecen renegar un poco de esas canciones en sus directos. Es así como, por pereza y evolución, se olvida todo ese -y aún más en el caso que nos ocupa- rico material.

Pero la vida depara sorpresas. Este verano de 2010 asistí extasiado a un concierto de Mishima en la sala Loco de mi Valencia natal (desde aquí os recomiendo encarecidamente que asisitáis si tenéis la oportunidad a uno de sus directos) y claro, aquello fue apoteósico. Y sales y ves ahí a tus héroes con toda naturalidad en una mesita, como tú, intentando promocionar su nueva creación, "Ordre i Aventura" (Sones, 2010). A su izquierda, leo en una visión de redención "Lipstick Traces". Intento resistirme, pero me vence la tentación. Firmas en una página arrancada del poeta Vicent Andrés Estellés, risas, buen rollo, y al llegar a casa el gélido pensamiento: debería haberme comprado el vinilo... Afortunadamente, estaba muy equivocado. Veamos el porqué.

"Es lo que te puede dejar una mujer en la ropa y, además, los rastros de carmín te recuerdan que ella también aspiraba a la belleza y, sin embargo, es algo pasajero, como una canción pop". Así abría paso a su primera creación David Carabén, un recorrido por ese paso del tiempo ávido en cicatrices y a veces en inamovilidad que empieza a desconchar nuestra habitación con la prestada "Time after time" de Cahn y Styne que popularizaría Chet Baker, con pensatiempos como "sólo quiero saber que el paso del tiempo mostrará que retienes mi amor joven, nuevo"; un buen tema que aunque sirve de buen pórtico conceptual, queda a la postre algo difuminado en el conjunto del CD, aparte de que versionear a Chet Baker, sin desmerecer los ingeniosos arreglos y programaciones, es poco más que un haraquiri.

Lejos queda ese umbral cuando empiezan a garabatearse las primeras notas de "In the land of my dreams", verdadero himno de juventud. Una especie de carpe diem onírico: "en el país de mis sueños tú me amarás mucho más, me imagine tu increible calidez, cuando estoy contigo cierro mis ojos y viajamos". Esos primeros sonidos electrónicos casi de maquinita de marcianitos nos llevan a serenas y cálidas guitarras que dibujan la somnolecia, ternura e ingenuidad de esos versos. Genial, con esa infantil ansiedad de nostalgia, de creer que aún queda tiempo para todo eso que no hicimos o soñamos suficientemente fuerte, allí donde los primeros sonidos vuelven a tomar su lugar tras la épica coral y lírica de la canción, para volver a recordarnos the game is over.

"Younger" vuelve a rasgarte -¡dios! ¡qué canción!- muy de cerca de aquellas "In my room" (en lo armónico) y "When I grow up to be a man" (en lo conceptual) de Brian Wilson; es descorazonadora, valiente, verdadera gravedad en ese distanciamiento de las maravillosas visiones y locuras de los años de incógnitas; toca la fibra y de qué manera, con una batería muy ancestral clavándote ese no retorno mientras teclado y guitarras dan cobijo a la odisea de Ítaca que ya hemos perdido del contorno vital. La interpretación vocal es sin duda de las mejores de todo el disco, acariciando esa pérdida de inocencia, de poder volver a mirar hacia atrás.

Aunque sin la epopeya o ese quebrarse de los anteriores, "As time signs your skin" es un buen tema que sigue recorriendo el mismo tramado temático del paso del tiempo ahora con cicatrices, con una sonoridad muy equilibrada y con cierto distanciamiento dándole mucha sobriedad. Las cuerdas empiezan con unos acordes que, es curioso, retrotraen a la memoria el famoso lekeitioak de Guernica de Laboa (debo estar exagerando). Las programaciones brindan un buen soporte al crescendo de la canción, que finaliza con diálogo del teclado.

Nada nos había preparado en este segundo round para una joya como "(Sometimes) hugs are better than kisses", fundamental, maravillosa, otro himno; a estas alturas uno no puede creerse tanta riqueza, con una acertadísima melodía de espera, de cautela, ante acontecimientos y aprendizajes muy bien resumidos en el título (algunos por desgracia sabemos mucho de eso) y con un colofón instrumental maravilloso.

La más enigmática, "Wasn't she pretty?", no se queda atrás. Con un ritmo muy anglosajón y unos samples más marcados, nos habla del desencuentro amoroso, y con propuestas como "pensando en ti, pensando si tú fuiste mi tú", amaga con devaneos instrumentales, incuso de xilófono y programaciones, ganando velocidad el desesperado estribillo que aparece como una cascada, como una interrogación.

La enternecedora "Letter to Lo", con esos primeros dientes de guitarra tan serenos y a la vez sentidos, y la voz de Carabén más afectada, es, sin duda, una de las joyas de la corona. Íntima, herida, muy ingeniosa en esa parte abanderada por la percusión mientras dialoga el cantante, para fundirse todo y volver al inicio de guitarras con ese "to love me" apenas esbozado, una delicia.

Viene "My whole life crying", muy pausada al principio, cogiendo después carrerilla, con una melodía que viste muy bien sus motivos con crescendos inminentes y un ritmo de desasosiego, de queja ante adversidades, rematado con el maravilloso solo de trompeta de Marcel Sanz. "If God gave me the power to sense beauty why He condamn me to such a hideous life?", nos salpica con una buenísima pregunta para un tema extraordinario (yo contestaría que es mejor olvidarse de él y quedarse con el brutal verso de Lennon "God is a concept that which measure our pain, I say it again") provisto de una melodía dulce y unos teclados exquisitos, mientras el cantante repite obsesivamente la misma pregunta cual hijo pródigo, con una letanía de abandono e icomprensión sufrida. O sea que, o Dios es un malnacido, o es un narcisita, ¿no? Hay ráfagas, oleadas instrumentales mientras David cambia el registro tonal a un fraseado o a un registro más agudo, impresionante, certera, valiente e infinita.

Hay tantas canciones que destacar, y "Covards" no sería una excepción, con un comienzo que graciosamente recuerda al pintoresco teclado de las familias gitanas los sábados por la mañana. Las programaciones visten muy bien esta canción de desamor y de imposibilidad de culminación por barreras de percepción y orgullo. David muestra una voz más grave, de ruego, de confesión, desnuda aunque tardía, acompañada de cotidianeidades y donde vuelven a coger protagonismo los teclados cuando acaba la conversación. Un guiño para aquellos que les cueste salir del catalán de las últimas ráfagas de Mishima.

Me perdonaréis pero "Scared" es cojonuda -en realidad casi como todas-, con ese ritmo de bossa nova que nos pincha a Caetano Veloso, y esa percusión latina con lluvia africana y maracas tainas, tontorrona, sentimental, que toca la fibra e invita a baile agarradito para reconciliaciones y demás.

"The doppleganger" es la perfecta guinda para este album tan bien horneado, solemne y con unos coros y voces muy inteligentemente superpuestos, ácida, triste, anhelante. El dopelgänger, "el doble fantasmagórico de una persona viva", "el que camina al lado", con una intro de tic tac subterránea, aqueja con voz quejumbrosa esa dualidad, ese ser gritando dentro de cada uno, ¿el delicado y desvalido superyo? Ingeniosamente facturada, es una despedida por la puerta grande sobre el que mis dudas y prejuicios lingüísticos quedaron descabezados.

Un grandioso album, quizá demasiado bueno para ser el primero, con nueve canciones geniales y otras tres restantes maravillosas y de impecable factura. Amigos rendiros pronto a este manjar de gourmet porque merece mucho la pena y desde aquí pediríamos al grupo que no se olvidara de estas alhajas acústicas y sensitivas porque nada tienen que envidiar a las actuales, salvando un vehículo conductor de mayor calado idiomático (el spanglish sigue haciendo estragos). A pervivir esas marcas de carmín que son la que menos duelen pero las que más preguntas amordazan.

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Comentarios

foto del usuario Arnau Bronsoms
Arnau Bronsoms
18 julio, 2011 at 10:37

Por fin alguien se pone fino con el maravilloso primer disco de Mishima… muy fan

foto del usuario Wilson Maravella
Wilson Maravella
22 septiembre, 2011 at 15:57

gràcies, petons

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