portada del disco Las Consecuencias

“Soy vagabundo, siempre de paso, de aquí y de allá, de todo el mundo, no tengo dueño, no soy tu esclavo, un poco tuyo  y de todo el mundo”.

Entrar en la dinámica de entregar un disco casi por año puede traer consigo múltiples consecuencias y tener tras de sí diversas explicaciones. Podemos hablar de incontinencia creativa o de tener el sombrero lleno de grandes canciones, pero también de explotar registros hasta la extenuación. En este caso hay mucho de esto último, no podemos decir que estemos ante un mal disco, pero sí que es suficiente escuchar el primer tema para prever lo que nos espera: intimismo acústico con tintes clásicos -acercamientos evidentes a Dylan- que no terminan de alcanzar la intensidad. La producción, que corre a su cargo, es prácticamente nula y las canciones se sostienen casi exclusivamente en la voz del aragonés. También es cierto que como dice Bunbury: “Nunca se convence del todo a nadie de nada”.

Ese corte inicial, “Las consecuencias”, podría ser la hermana pequeña de “El tiempo de las cerezas”. Muestra una desnudez luminosa que, sin embargo, luce con más fuerza en “Ella me dijo que no”, un tema en el que la nostalgia se funde con el arrepentimiento para recordar rupturas que pueden hacernos perder la cabeza. Hacia el final se percibe un cierto toque sureño que mantiene en “El boxeador”. De nuevo Bunbury recurre a la figura del púgil que intenta mantenerse en pie ante los golpes de la vida, una figura muy recurrente en su discografía. Para muestra la misma portada de “Flamingo's” (Hispavox, 2002).

Con “Frente a frente” recupera la composición de Manuel Alejandro popularizada por Jeanette en el 81 y la adorna con la voz de Miren Iza, Tulsa. En “21 de octubre” trata el tema de los malos tratos y en “Lo que más te gustó de mí” esas virtudes y defectos de las personas que comparten con nosotros la cama.

Tras tanto intimismo con la dosis justa de emoción llega “Los habitantes” para traer la intensidad y darnos cuenta de que la electricidad y la batería comenzaban a echarse de menos.

Para el final deja “De todo el mundo” -uno de los cortes más brillantes del disco y una declaración de intenciones en la que Bunbury se define a la perfección como un vagabundo sin dueño- y “Nunca se convence del todo a nadie de nada” -compuesta en principio para los Niños del Brasil que estos incluyeron en el tributo al aragonés “Pequeño Gran Hombre” (Bunburyclub, 2008)-.

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Comentarios

foto del usuario Wilson Maravella
Wilson Maravella
5 mayo, 2011 at 22:24

Quise darle una segunda oportunidad a este disco, para mi bunbury siempre fue un referente del riesgo, de la vuelta de campana, pero coincido plenamente contigo… creo que la espuma se le ha subido a la cabeza, este disco es sencillamente infumable, soso, una larga extenuación y verborrea imposible

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Diego Jesus
17 diciembre, 2014 at 01:05

Curiosamente, este es uno de los discos que mas me ha gustado de Bunbury. Veo que hay todo tipo de gustos en el publico. Por otra parte, Flamingo´s, para muchos su mejor disco, no me parece de sus mejores, y si resulta demasiado largo, aunque si que destacan algunos temas. Muy interesante seguir la trayectoria y evolucion musical de este camaleonico artista. No hace falta decir que aguardo su proximo disco.

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