portada del disco L'ànsia que Cura

Mishima anuncian su nuevo trabajo como "una obra luminosa y contundente, con la banda sonando como nunca al servicio de unas letras que, muy sutilmente o de manera directa, giran en torno al concepto de paraíso". Un trabajo grabado en enero de 2014 en Black Box Studio en la región de Anjou cerca del valle del Loira (Francia), donde habían trabajado con anterioridad bandas como Shellac, The Wedding Present o Diabologum. Participa el ingeniero de sonido y productor alemán Peter Deimel (The Last Shadow Puppets, dEUS).

Editado por Warner y su propio sello, The Rest Is Silence, el disco contiene doce canciones grabadas tocando todos juntos en el estudio. Si con "L'amor Feliç" (Sones, 2012) cerraron la trilogía grabada con Paco Loco, ahora abandonan esa esencia más rock para cantar a la vida con brisas paradisíacas -"La brisa"-, preocupándose de teclados, hammonds, vientos y cuerdas...  “la brisa le pregunta al día qué acepta de la noche, a la vida de la muerte, al viejo del joven, al rico del pobre”.

También cantan a la tercera edad -"Els vells hippies"- con ternura y un minimalismo preciosista armado con arreglos de guitarra y piano exquisitos.

Ese preciosismo se mantiene en cortes como "El paradís" y la oscuridad y el drama en "Ja no tanca els ulls". Un corte que narra un accidente de coche mientras “en la radio suena todavía otra canción de amor, de deseo y de rabia”.

Queda espacio para interludios instrumentales -"Despertar amb caiguda"-, para pequeñas joyas lanzadas desde la italiana isla de Lampedusa -"Mentre floreixen les flors"- y para rendir homenaje al Mediterráneo -"El corredor"-.

En "Mentre floreixen les flors" se contraponen dos visiones del paraíso: "Los occidentales se van a un lugar que les parece exótico a pasar las vacaciones y los africanos entran en Europa". Se trata de un corte con contenido social, un recuerdo poético a los casi 400 inmigrantes ahogados intentando llegar a la isla siciliana en 2013.

En la portada y la contraportada, unas flores marchitas y un Volvo abandonado ejercen de paraísos perdidos.

Algunos echarán de menos "L'amor Feliç" (Sones, 2012), la épica de cortes  como "L'última ressaca" o "El camí més llarg". Aquí Mishima juegan con las armas de siempre pero mostrándose más comedidos. Eso sí, sin perder ni intensidad ni pegada. Mishima continúan en una forma envidiable.

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