portada del disco La Vida Es Como un Carrusel

Nos encontramos ante la (hasta la fecha, claro) obra más redonda de los astures. Pese a seguir ninguneados por discográficas de diverso pelaje -no os habréis tomado en serio lo de Fonográfica Peñarrubia, ¿verdad?- Los Guajes se mantienen fieles a su fórmula de Spanish nostalgia combo, abriéndole de paso la puerta a su cara más pop y trabajada.

La tripleta que lo inaugura es, sencillamente, de órdago. Ahí tenemos el hiperefectivo tema título, con un riff soberbio y un acertado uso de los coros dando forma a una de esas canciones que se pueden adherir al córtex durante semanas enteras. La banda suena más engrasada y diáfana que nunca, y la voz de Kike ha alcanzado nuevas cotas de histrionismo y poderío, lo que en su caso siempre es de agradecer; “Nada en el mundo”, un tema pop encantador, deudo de la canción melódica italiana (¡esa dicción!) y con un delicioso regusto a salitre y candidez teen y la primera versión del LP, una explosiva relectura del “It is true?” de Brenda Lee, transformada en “Es verdad”.

Con “Ven” vuelven por sus fueros eminentemente ye-yés, sacándose de la manga un corte que haría las delicias de cualquier guateque merecedor de esa denominación, mientras que en “Siempre que tú quieras” le guiñan el ojo a The Dave Clark Five y su “Any way you want it”, de la que se marcan una poderosísima versión.

“Loco” retoma ese garage excesivo, intenso, que ya pusieron en práctica en números pretéritos como “Zombi del amor”. A modo de contraste, nos encontramos con “Verte es como morir” uno de esos medios tiempos de corteza rockandrollera y fondo melodramático que tan bien se le dan al grupo de Gijón.

Retoman el pulso salvaje y pasado de rosca (el tracklist es, nunca mejor dicho, todo un carrusel) en “Veneno”, que da paso a “Un tipo fino” que es en palabras del grupo un “sentido homenaje a Luis Aguilé”.

“Marcelino” abunda en una de las temáticas predilectas del conjunto, esto es, glosar las peripecias de verdaderos freaks e inadaptados sociales. Y a los seres alienados de anteriores entregas -“Ganas de matar”, ”Cazasuecas”- se une ahora este simpático exhibicionista con impúdicas tendencias al onanismo en la vía pública. De paso sea dicho, uno de los cortes más sólidos del redondo.

“Empleada del hogar” es la típica letra Guaje, con estampas costumbristas vistas desde un prisma disparatado y pasado de vueltas, que terminan de completar un potente y afilado garage rock de manual.

Para los postres, los ramalazos psych de “Fiesta” y la lapidaria letra de “Nervios” (“Ya no te quiero, no tienes dinero... Eres la reina de todos los vicios, desde la farmacia hasta el fornicio”) que, ante lo anteriormente expuesto y, sin ánimo de desmerecer, saben a poco.

Como ya se dijo, la obra más destacada de Los Guajes y el disco al que debería aproximarse todo aquel que desee iniciarse de la mejor de las maneras en el mundo de los gijoneses.

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