portada del disco La Venganza de los Pueblos

Grabado en dos partes, la primera, para las bases, tuvo lugar en los estudios Multitrack de Santa Cruz de Tenerife entre los días 9 y 10 de noviembre de 2002. Para el resto se desplazaron a los estudios Gárate en Andoin (Guipúzcoa) donde trabajaron con Kaki Arkarazo (Kortatu, Negu Gorriak) como ingeniero de sonido entre el 11 y el 14 de ese mismo mes. La mezcla y masterización se dejó para enero del año siguiente en el mismo estudio. Mantenida la variable de la producción como constante de sus últimas entregas, los canarios se decantan esta vez por la edición con el sello de Vallecas Potencial Hardcore, cerrando así su etapa con Discos Suicidas.

Acorde con su línea habitual de pensamiento, la portada representa un dibujo en el que se acomete a hachazos contra un pequeño Adolf Hitler que anda maniobrando con cadáveres de niños. Según rezan los agradecimientos y créditos del libreto interior, el grabado original corresponde a un lienzo de Leopoldo Méndez (México) del 1943.

En lo musical Guerrilla Urbana asienta mucho del cambio mostrado en "Bestiario" (Discos Suicidas, 1999), donde apuntaban hacia direcciones algo diferentes a los del punk del comienzo.

"Sindicalisto" tiene así ese aire amenazante con el que comenzaban algunos temas de Dead Kennedys, y en algunos momentos se vislumbran ganas por decantarse abiertamente por el hardcore de curvas y espesura ("Condemno"). Pero con todo, prima el punk rock trepidante, el juego de coros para reforzar estribillos y las ganas de mantener un ritmo vertiginoso en cada canción ("Robemos ese coche"). Hay espacio, eso sí, para que las guitarras se empleen en solos ("Paraíso perdido").

Con "Romance a Durruti" se conceden un paréntesis, esforzándose, desde el comienzo con aires intimistas, para que resulte un himno en clave punk para la figura del mítico anarquista.

También resultan diferentes "La asombrosa historia de Lolo Piórrea y María Gonorrea" y "Don Pepito Solomillo", escritas ambas a modo relato antiguo. Historia de amor entre presos la primera y de reconversión de músico frustrado a mánager la última, dan rienda suelta a las exploraciones de la prosa de Zurda en lo que a las letras se refiere, mientras que en lo musical se permiten flirtear con un rock más pesado e incluir pitos de chirigota (caso de la segunda).

Persistentes en su denuncia recorren de nuevo los escenarios habituales en los que se centran sus críticas principales mostrando, por ejemplo, su repulsa al status de colonizados frente a invasores ("Testamento", "Paraíso podrido", "Caballo loco"), frente a políticos ("Cleptocracia"), instituciones ("Los arquitectos del miedo") y, sobre todo, colaboradores del orden establecido ("Sindicalisto", "Berreonas", "Tertulianos"). Ante todo esto las nuevas generaciones tienen la opción de responder con la misma mediocridad ("Top model") o enfrentarse a las muestras de exhibicionismo de los explotadores ("Robemos ese coche").

Pasan los años y Guerrilla Urbana sigue produciendo discos con la misma mala baba del principio.

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