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LaFonoteca, Disco: La Primera Ópera Envasada al Vacío
portada del disco La Primera Ópera Envasada al Vacío

Hay artistas (y podemos reconocer en ello un signo de esa categoría de artistas) que cuando han perfeccionado su modelo expresivo y consideran que este no se puede llevar más allá deciden romper con él, renunciar a todas las formas y bastones que lo habían llevado a alcanzarlo, prenderlo fuego y soplar sobre las cenizas para que nadie pueda acusarlos de revolcarse en las mismas.

La carrera de Sr. Chinarro es un ejemplo de todo esto. Acostumbrado desde sus inicios a cargar contra su obra anterior incluso en el mismo momento de ser editada sin ningún remordimiento de poder entorpecer la labor de su sello discográfico, a la altura del año 2000 nos encontramos con un proyecto ensamblado, consistente, constante y reconocido como uno de los más personales, originales e importantes no ya de la década de los 90, sino de toda la historia del pop español.

Tras la trilogía junto a Belmonte y la edición del EP “La Pena Máxima”(Acuarela, 2000), para el que esto escribe una de las grabaciones imprescindibles de nuestra música, obra maestra absoluta, irrepetible momento de creatividad y lucidez del artista, nos plantamos en el año 2001 y antes de ser editado desde Acuarela se nos indica que el nuevo disco de Chinarro va a ser muy diferente, rompedor, muy importante. Pero nadie, ni su público, ni la crítica, parecía estar preparado para este movimiento de ruptura, para esta maniobra de evasión.

Desde el primer momento en que suenan los acordes iniciales de “Salem's Lot” sabemos que las cosas han cambiado de manera irremisible. Otra vez. Tras una época de depuración, de perfeccionamiento hacia la búsqueda del pop perfecto, descacharrado, imposible pero perfecto que culmina en el citado EP, en “La Primera Opera Envasada al Vacío”(Acuarela, 2001) nos encontramos con un Chinarro que canta más fuera de tono que nunca, con una música muy poco agradable de escuchar, arisca en su forma, incómoda, con canciones largas, densas y libres como una improvisación de jazz pero absolutamente minimalista, con unas letras más incomprensibles que nunca, muy difícil de contextualizar.

Sin embargo Luque había dado algunas pistas. En un disco editado el año antes en exclusiva para el club de fans Mártires de Santa Teresa llamado “Consecuencias de La Pena Máxima”, se daban pistas en sus dos canciones de este rumbo a tomar. No tan radical como la puesta de largo de la "Ópera", pero sí con la suficiente voluntad de romper con su propio pasado de alabanzas y estilo reconocible, al parecer resultado de un estado personal y mental no muy satisfactorio. La "Ópera" se puede relacionar con el lado más destartalado y confesional de Arab Strap, con los momentos menos plácidos de Low, pero no deja de ser un reflejo fidedigno de su autor.

Sólo se nos permite un respiro en forma de canción más o menos convencional, la preciosa “Merche*”, de la que se rumoreaba que estaba dedicada a la cantautora Merche Corisco. Sólo esos seis minutos de (casi) oasis, porque tampoco es que sea la duración estándar de un sencillo, además de contar con un extrañísimo video que remataba la operación de desconcierto. Pero aún así aparecen las imágenes más claras, el nuevo paseo por la adolescencia y el final de esta, la angustia de esas edades, los desastrosos escarceos sexuales, las frustraciones amorosas y, en definitiva, todos esos momentos que convierten a esa edad en la más triste posible, aunque todos nos empeñemos en ocultarlo adaptándonos.

Los casi diez minutos de “Falta”, el piano machacón, desquiciado de “Ya tienes quién te planche”, el absurdo de “Robando gusanitos”… todo se alinea para que el disco fuese tomado por una extravagancia a dejar de lado en su momento, como un paso en falso, como la tumba que se había cavado a su propia carrera, pero que el tiempo ha puesto en valor como una obra audaz, sin antecedentes pero tampoco sin continuidad (excepto en dos aún menos complacientes EP), reflejo de una etapa de tormentos personales y que, escuchada sólo sirve para abrir los ojos (aún) más de asombro ante el pequeño circo que desplegaba este ya clásico de nuestra música.

Un disco que no puede ser analizado en términos musicales sino sólo de intento de contextualización porque, todo lo demás deriva en fracaso.

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