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LaFonoteca, Disco: La Orquesta del Titanic, página 3
portada del disco La Orquesta del Titanic

Segundo trabajo conjunto de Sabina y Serrat, que intentan dar una vuelta de tuerca más a su "Dos Pájaros de un Tiro" (BMG, 2007), recibido en su momento con gran aceptación. Esta vez el andaluz y el catalán van un poco más allá; en vez de tocar en directo sus canciones ya conocidas por todos (con la divertida propuesta de intercambiarse los temas), proponen unir sus fuerzas para sacar un disco con material completamente inédito.

Las canciones están compuestas entre ambos artistas, en principio a un 50% de aportación por barba. Ambos hablan con mucha tranquilidad -llevan años en esto- y dicen abiertamente que han hecho lo que querían hacer, y que si querían girar había que hacer un disco nuevo, en palabras de Serrat: “Si lo vamos a hacer, hagamos algo que nos pueda defender y no tener el morro de hacer lo mismo. Y pensamos dos cosas: plantear un espectáculo nuevo, evidentemente, y un disco nuevo con canciones originales y escritas entre los dos”.

La orquesta del Titanic”, que da título al disco abre con un ritmo de canción años 20, como si los artistas quisieran meternos de polizones en el malogrado barco; compases suaves y un piano con deje a Cole Porter que marca en todo momento el camino a seguir, que no es otro que los sedosos vientos de “Después de los despueses”, entremezclada con maneras aflamencadas en el estribillo.

Sigue una desigual “Idiotas, palizas y calientabraguetas”, con lúcida letra pero poco afortunada música: una algarabía de vientos pachangueros a medio tiempo en la que los coros, al igual que en el corte anterior, vuelven a tomar quizá demasiado protagonismo; incluso da la impresión de que es una base de una canción desechada y repescada para la ocasión.

Canción de Navidad” es un hermoso mano a mano de los dos artistas, que entrelazan guitarras minuciosas en un villancico con el toque justo de flamenco; hilvanado con tino y delicadeza, por supuesto los artistas se guardan algún dardo que otro: “Satanás es un capo llevando el compás / infiltrado en el supermercado de la navidad”.

Quince o veinte copas” suena carnavalera y al tiempo reflexiva. Retomando los viejos temas de Sabina en los que contaba sus correrías nocturnas y sus amores de barra y motel barato, contrasta con “Acuérdate de mí”, una concienzuda balada de desamor enquistado, estribillo pegadizo y maestría de la que sólo te da la experiencia.

En una línea parecida de mirada atrás y vuelta a los orígenes, “Hoy por ti, mañana por mí” sigue el caminito de migas de pan de una canción de cantautor: letra cuidada (todas las letras del disco lo están), arpegios de guitarra constantes y sensibilidad palpable, que casi puede cortarse con un cuchillo. Continúa “Dolent de Mena (Malo por naturaleza)”, donde Sabina se atreve a cantar en catalán. Refulgen los rasgueos de guitarras desenchufadas en una canción de aire muy mediterráneo.

En “Martínez” los maestros vuelven a contarnos otra historia de otro de esos perdedores que nos caen bien, y en “Cuenta conmigo” nos estremecen con delicados pespuntes de cuerdas añejas y amor incondicional: “Si quisieras quererme / dejaría de fumar  / y me haría vegetariano  / Si durmieras conmigo / dormirían menos tristes / las palmas de mis manos

Cierra el disco con un brillante “Maldito Blues”, donde por fin disfrutamos de un buen solo de guitarra eléctrica, sonando bien las notas en séptima; sin embargo, la parte acústica sigue mostrándose emocionante y llega bien a tocar la fibra. Quizá sea que tengo debilidad por un buen blues, pero lo que es seguro es que es un cierre de disco que deja un sabor de boca fantástico.

El disco tiene sus luces y sombras; para mí ganan las primeras, pero se puede entender que algunos echen en falta más guitarras eléctricas. No es menos cierto que en algunas partes da la impresión de que la principal preocupación de los artistas eran las letras, darse el contrapunto el uno al otro sin taparse mutuamente y. sobre todo, hacer el disco que a ellos les apetecía. No hay que olvidar que Sabina salió muy escaldado de la última experiencia similar que tuvo -su "Enemigos Íntimos" (Sony, 1998) con el rosarino Fito Páez-, de cualquier modo la sociedad Sabina – Serrat parece gozar de buena salud.

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