portada del disco La Marca de Anubis

Probablemente el disco definitivo de Los Iniciados, el trabajo que justificó por sí solo la existencia independiente de un proyecto al margen de El Aviador Dro para dar salida a una electrónica de guante de terciopelo orientada a temas esotéricos, cabalísticos y telúricos. Presentación inmejorable con portada egipcia con el dios Chacal asistiendo a un muerto y radiografía de una momia en la esquina superior izquierda en la contra.

La que fue referencia nº 12 de DRO se grabó a medias entre el estudio artesanal en la casa de Marta -Arco Iris- y Servando -Componente Norte- y el estudio Colores, donde se aprovechó el equipo más profesional para completar lo que faltaba. Aunque envolvían la identidad de sus componentes en un riguroso secretismo, trascendió sin grandes problemas la participación en la grabación de este disco de Jesús Arias (T.N.T.) para las guitarras y de José Luis Garrido para la batería acústica.

A pesar del título y el diseño, la componente egipcia es sólo la de la primera cara. En ella destaca sobre todos, cómo no, "La Marca de Anubis". La acompañaron con un video ambientado en el Templo de Debod madrileño, el monumento donado por el gobierno de Egipto a Madrid a finales de los 60, en el que una comitiva portaba una efigie de Anubis hecha de cartón y un maniquí femenino. El tema es tecno-pop en su vertiente más intrigante e insinuante -¿el necro-pop que dijeron otros?-. Mezclando las narraciones y partes instrumentales la cara evoluciona pareja a la misma trayectoria del grupo, muy plurisdisciplinar y con maneras de banda sonora de cuentos y obras.

Sin embargo, para la cara B, que nombran como "La penumbra", es más complicado encontrar un hilo argumental que vertebre los temas. La fatalidad de una condena mitológica, la voracidad de la hembra insecto que devora a su macho en un ejercicio ritual de amor salvaje, el vacío como oscuridad o el que dejan los niños que se lleva Peter Pan, cuerpos imposibles de tocar o personajes que apenas dejan huella en su paso terrenal en los que les conocieron; historias todas ellas que generan el desasosiego, la desazón.

"Atlas" también tuvo su refrendo visual con la actuación que dio el grupo en el programa "Caja de Ritmos" (TVE) en la que enmascarados teatralizaban la ingente tarea del titán, pasándose unos a otros un globo terráqueo cúbico. Un tema hormigueante, que evoluciona monocorde aumentando la tensión hasta que queda aplastado. Toda la cara está plagada de muy buenas canciones entre las que se intercala el recitado de "El hombre sin nombre". Ni siquiera el forzado en la voz  de "Mantis religiosa" o "Peter Pan" logra desmerecer lo que puede ser lo mejor de la producción de la banda. Cierra el disco y una cara sobresaliente una canción enorme, "Soy el vacío". Abandona la naturaleza algo más contemplativa de otros momentos del disco para acelerarse y no decaer.

Discos así hacen ciertamente que el oyente olvidara por un momento al Aviador Dro.

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