portada del disco La Joven Dolores

Era difícil que con la abultada e ilustre lista de colaboradores de los que se rodea la Rosenvinge en este trabajo -a saber: Steve Shelley (Sonic Youth) en la batería; Jeremy Wilms en bajo y guitarras; Charlie Bautista en guitarras y teclado; Aurora Aroca (Boat Beam) al violonchelo, piano y coros; Benjamin Biolay, Georgia Hubley (Yo La Tengo) y el propio Wilms como contrapunto vocal- el disco sonase mal. Nada se escatima en este "La Joven Dolores" (Warner, 2011), editado tanto en libro disco con tapas duras como en vinilo, ambos con diseño del estudio alemán Hort. Pero perderse en vericuetos que desembocasen en un mero ejercicio de grandilocuencia al más puro estilo allstars -jugando sin alma- era un riesgo. Y eso es precisamente de lo que este disco sale principalmente airoso, desde su cálido comienzo y su sorprendente sencillez, lejos de esa ampulosidad que se le podría presuponer y mucho más cercano a la desnudez ya sugerida en "Tu Labio Inferior" (Søster, 2009).

Como un arrullo comienza "Canción del eco", para evocarnos bucólicas imágenes que mueren en la desembocadura de ese río, como un beso que desfallece antes de ser dado. En "Eva enamorada", primera de las referencias mitológicas en las que se ha inspirado Christina -temática que impregna, sobre todo con su aura, casi todo el trabajo, y que sirven para mostrar su faceta más enigmática-, muestra de nuevo esa vertiente depredadora que tan bien se ha cuidado de cultivar, y que se vislumbra en este tema con un puntito de pudor de menos: Y es que jugar con la palabra semen sin salpicarse es demasiado complicado. Con mucho más acierto lo hace en la guerrera "Mi vida bajo el agua", con su ingle depilada y todo.

"Jorge y yo", es uno de los puntos cálidos del disco. Canción naïf que retrotae a las primeras composiciones de La Buena Vida, pero con el punto de madurez y efectividad de que estas carecían. Lo mismo sucede con "La idiota en mi (mayor)", ambas con aroma a clásico pop imperecedero, como imperecederos (e indelebles) son los coros con que finaliza el autoproclamado contrapunto de este buen disco. Un buen disco al cual se le pueden poner pocas pegas, pero sí algunas, como los devaneos con la monotonía, y un apartado lírico que sugiere pero no arrebata.

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Comentarios

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Marcos Sullivan
5 enero, 2012 at 10:46

Su mejor trabajo, hasta ahora

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