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LaFonoteca, Disco: La Gallina
portada del disco La Gallina

Vuelven los insurrectos pamplonicas por su habitual senda de vísceras electrónicas y su diabólico tambor peludo.

Referencias; Mecano, Moby, Kraftwerk, New Order, Scott Walker, King Crimson, Mike Oldfield, Pixies, Radiohead, Jean Michel Jarre y Lucifer. Como te quedas.

Ya que el término está de moda, diremos que El Columpio Asesino desacelera. Sin ser esto negativo, como muchas críticas de "La Gallina" (Astro / PIAS, 2008) afirman. Muestran una cara más sosegada, un ritmo más ralentizado, unas composiciones más calmadas, dentro del habitual salvajismo lírico. Porque las letras no cambian. La realidad despellejada mostrando sus partes pudendas continúa colgando del rollo en la plaza del pueblo.

"La Gallina" transmite la sensación de estar presenciando una cabalgata de seres satánicos, un cuadro de Solana, una película de Buñuel. Con el anticristo aragonés tienen mucho más en común que una cercanía geográfica; les une su pasión mexicana (ambos en principio por motivos comerciales) y su irreverente alma surrealista. Una poesía muy visual (como el daliniano tema “Moscas”) a menudo un tanto críptica. Sin embargo esta literatura en ocasiones se torna más que clara, incluyendo la denuncia de la filosofía posmoderna y de la hipocresía social.

Musicalmente hablando, la novedad más agradable es la incursión y protagonismo de la voz de Cristina Martínez, que dota a los temas de El Columpio, con su dulce y suave voz, de un toque misterioso, malvado y fuertemente sugerente. Como hemos adelantado, las guitarras pasan a un segundo plano, siendo sustituidas por una mayor presencia electrónica. La saturación y el ruidismo son relegadas y reemplazadas por una mayor variedad rítmica dentro de un mismo corte. Quitando la cáscara de las canciones, también localizamos un ligero coqueteo progresivo.

Muchos echarán de menos la fuerza, la potencia y la rabia incontenida de sus anteriores entregas. Escuchando "La Gallina" de manera autónoma, si ubicarla en su discografía, nadie puede negar la fuerza de la propuesta, así como su originalidad y frescura. Canciones como la inicial “Cenizas”, la celestial “Yo soy tu nombre” o la apología de los sintetizadores que es “Aleluya” certifican y justifican el cambio de rumbo.

El temazo es “México”. Buñuel puro. El anti-MTV. Letras delirantes. Electrónica orgánica. Demonios respirando. Excomunión. Tortura progresiva. Tambores de una tribu caníbal. Huida.

Ya he vuelto. El nuevo y putrefacto aire que expira El Columpio Asesino convence. Por poner un pero, además hipotético, diremos que seguramente las nuevas canciones no enganchen con la parroquia en directo en comparación con las anteriores. La cólera desatada es aquí sustituida pro un mayor cuidado musical, una mayor perfección que incluso me conduce a afirmar que los temas despojados de la voz, en su versión instrumental, se podrían haber sostenido con dignidad.

Mejor no les doy ideas.

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