portada del disco Juan Pardo

Debut del solista Juan Pardo a 33rpm. El productor es David Pardo, quien no solo no es familia sino que ni siquiera es español. El cantante parece andar un tanto despistado, o al menos despistando al personal, pues todavía carece de estilo marcado y el LP se convierte en una especie de laboratorio de cara a próximos discos. La edición es muy cuidada, tipo álbum con dibujos interiores al abrir la carpeta.

Tras un inclasificable “Ayer, ahora es hoy”, Juan nos obsequia con una canción que había escrito para unos exitosos Fórmula V en una versión bastante distinta a la del quinteto madrileño. Más garra y menos pachanguera que la de sus colegas.

Otra de las canciones importantes del disco es “Barcelona”, una canción fresca e intimista con estribillo fuerte, que recuerda enormemente a algún tema de su época con Junior. “Quizá mañana” suena a algo a medio acabar, dura poco más de un minuto y uno se queda con la impresión o bien de que faltan cosas, o bien de que le están tomando el pelo con alguna toma medio improvisada. Por el contrario “Palabras” es elaborada hasta el barroquismo y es otra de las piezas repescadas por su autor, pues había sido escrita para Daniel Velázquez, que obtuvo uno de los mayores éxitos de su carrera con ella. “Canciones” es chunda chunda y horterilla. El grupo infantil Parchís la convirtió en uno de sus temas más recordados. "My lady" es una canción de cuna que poca relación guarda con el resto, y “El manzano” es un baladón de solista que tira de vozarrón, bastante inapropiada para él mismo.

“La noche en la playa” es un tema que avanza en su melodía y apunta en los arreglos lo que este mismo compositor hará más de diez años después. Otro de los temas bien conocidos y repescados para la ocasión es “Contra el cristal”, que había grabado Miguel Ríos. Se trata de un tema exigente para la voz, bien arreglado y de lo mejor de los primeros pasos de este cantante en su carrera solitaria. Extraña es “Flamenco blue’s”, que nada tiene que ver con uno u otro estilo de los citados y en la que Pardo echa un pulso a un omnipresente órgano litúrgico. Una pieza que suena a experimento personal.

Un LP sin rumbo fijo, aunque con detalles interesantes en el que el propio cantante, siempre innovando, tiró de algún tema preparado para otro, pero a la vez renunció a incluir “La charanga”, que era su principal capital sonoro en ese momento.

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