portada del disco Intención

El álbum más alabado de Atila se graba en 1976 con una formación ya de cuarteto, que incluye al bajista Miguel Ángel Blasco y al nuevo teclista Benet Nogue junto a los dos músicos fundadores del grupo, Joan en la batería y Niebla en la guitarra solista. Alejado de veleidades sinfónicas, es ahora el rock progresivo más ortodoxo el que predomina en la grabación. Aunque la presencia de los variados teclados sigue presente en todo el LP, es ahora la guitarra la que parece conducir las operaciones. Aunque álbum eminentemente instrumental, va a incluir también breves partes cantadas en catalán por Benet.

Formalmente el disco viene formado por una cara A con tres temas y una cara B con una sola pieza de alrededor de un cuarto de hora de duración en la que el grupo, con mejores medios instrumentales y de grabación, recobra la suite “El principio del fin”, que había ocupado por completo su primer LP: “The Beginning of The End” (New Promoción, 1975).

El número que da nombre a todo el disco viene sustentado por una sección rítmica sólida sobre la que Eduardo Niebla luce sus punteos progresivos y Benet abre sus teclados como la cola de un pavo real, buscando más el efecto sonoro que el desarrollo melódico. Toques de hammond, mellotrón y moog para una pieza de recargado rock.

“Cucutila” es el tema más corto que sirve para el desarrollo efectista de teclados sin cuento y una batería en plan marcha militar; sin embargo, incluye en su parte central una deliciosa parte de teclado que ralentiza el tiempo sobre los efectos de percusión con un curioso uso de los platos percutidos en su coronilla. En el final se vuelve a la dureza con el contrapunto de la suavidad de un coro femenino. Interesante pieza manierista que los amantes del sinfonismo tienen en un altar.

Si escuchas “Día perfecto” te sonará bastante a las primeras cosas del politeclista Vangelis. Atmósferas oníricas en el principio con teclados y batería flotando en un espacio sonoro exento de gravedad para tomar tierra carnal en un frenético rock cargado de virtuosismo en teclas y cuerdas. Toda una paleta sonora representativa de un estilo y un tiempo. Nunca Atila estuvo tan cerca de las grandes bandas instrumentales europeas. No por casualidad fue el grupo español que más se prodigaría en el extranjero durante los años 76 y 77.

Por el otro lado, una reducción del primer LP, aquí reducido más o menos a su mitad. Bach y batería para la suite que había metido el año anterior a Atila en un estudio de grabación por primera vez. Para esta grabación se repescó al anterior teclista Paco Ortega, que había participado como principal referencia en la primera grabación y en la gestación de esta obra.

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