portada del disco Indicios

"Indicios" (Compadres, 1994) constituye la gran obra maestra de Carlos Berlanga, en la que, aunque cerca del concepto de pop electrónico, se aproxima más que nunca a su pasión por la música brasileña, en concreto a su adorado Antonio Carlos Jobim, ya desde la propia portada del disco, todo un guiño a su “Wave” (A&M, 1967). Casi coetáneo al largo de Family, incluso posterior, nadie pone en duda el influjo de Carlos Berlanga en esta rama del pop de la que grupos como el ya citado, Le Mans, La Buena Vida o incluso, por qué no, Astrud, han sabido beber y recoger el testigo con tanto acierto. El testigo de la admiración hacia las Vainica Doble.

Supone el refrendo de todo lo que Carlos quiso jamás plasmar. Sus manías, sus neuras, sus gustos personales, arreglos de cuerda a medida, pero... sin su amigo de toda la vida componiendo junto a él. Y se nota. Vaya si se nota. Se nota en la mala leche de algunas de las canciones, por más que ante este obstáculo Carlos, que se consideraba a sí mismo un letrista nefasto, se hiciera acompañar de su amiga Paloma Olivié en la composición de las mismas, hasta en siete de los diez cortes.

Sin dar de lado las guitarras, los ritmos edulcorados de “Indicios de arrepentimiento” ya comienzan a rodearse de unos sonidos tecno-pop, donde las letras se enhebran para crear escenas corrientes y sencillas, pero irrepetibles. En ese sentido “Tazas de té” es un fiel reflejo de todo lo anteriormente comentado. Empezando como un “Brand new Cadillac” de los Clash, introduce la quinta marcha para llevarnos a la parte de Dinarama que más le satisfacía, con una de sus temáticas favoritas: el desamor. Alargándolo, disfrutándolo, saboreándolo, se regodea en su propia miseria en un tono entre quejicoso e irónico en ese grandioso estribillo del que hace gala. Con la máscara de dandy aún puesta y esa voz sugerente, continúa con “El día del recuerdo”. Aroma a Fangoria (incluso en el subconsciente se crean coros de Alaska) y Jobim. Mucho Jobim.

El derroche de talento llega a su punto cumbre con “Traición”: “Yo (pausa) / que sólo fui para ti (pausa) / Paracetamol”: sublime (casi tanto como unir Leganés y San Blas en la misma frase sin perder un atisbo de elegancia). Las malas lenguas dicen además que se trata de toda una declaración de intenciones hacia Alaska, pero nosotros como somos mucho más buenos no lo diremos. Y tanto hablar de las Vainica siempre, pues no iba a faltar una estupenda versión de las mismas: “La funcionaria”, que no sólo conserva todas las virtudes de la original, sino que nos trae diez años después esta estupenda “reivindicación” en torno a una figura por la que Carlos ya debía tener especial atracción tiempo ha (“La funcionaria asesina” en Dinarama, sin ir más lejos). Para colmo las Vainica hacen los coros.

La grandeza de “¿Qué sería de mí sin ti?” es la de evocar la figura de Camela con una copa de champagne. Una continuación del "¿Cómo pudiste hacerme esto a mi?", en la que la protagonista, ya fuera de la cárcel, con un Louis Vuitton, repudiada por la sociedad pero dispuesta a disfrutar la herencia de su viudo, da paso a su particular visión sobre Francia (cómo no, el francés había de estar presente). “C'est la France”, plagada de referencias sin llegar a ser intelectualoide, se hace acompañar no sólo de Azucena de NSQ, sino de Toulouse Lautrec, Catherine Deneuve, Mireille Mathieu, François Truffaut... para hacer un tema tan bailable como delicioso. “Si no es por ti”, llega casi sin respiro para soltar por esa lengua afilada algunas de las frases más venenosas que ha escrito: “Si no es por mí / pondrías copas o algo peor”. Simplemente genial, y 100% Berlanga.

Dando testimonio de cómo hacer lo que uno quiere cómo y cuándo quiere, se hace acompañar de ni más ni menos que Ana Belén para hacer una revisión del clásico “Aguas de março” de Jobim. Por último, “Arena”, con reminiscencias a Depeche Mode, pone fin a un disco que fluye de una manera demasiada natural. Como si lo natural fuera conformar obras de tal calado.

Como nota curiosa, las dedicatorias de la contraportada. Algunas de ellas, no tienen desperdicio, sobre todo una bien especial: "A Olvido y Nacho, si ellos quieren". Carlos no paraba de pensar en ellos, y de abrir las puertas a una posible reconciliación.

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Comentarios

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Boasv2001
22 septiembre, 2009 at 13:37

Una obra maestra. Me encantó “Indicios de arrepentimiento” y “Si no es por ti” tanto como “Rendido a tus pies”. Arena, TAzas de te… y la versión tan lograda de Aquas de março.

Quizá mi única pega en estos discos, sea q con los años Carlos perdió el control de la voz. En los pegamoides se le notaba soltura y aunq no tuviera grandes dotes, se defendía perfectamente. En Dinarama lo mismo, pero en solitario, parece q le afectaba el verse solo. (Es lo duro de ser tímido… lo dice otra tímida enfermiza)

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Raúl Alonso
22 septiembre, 2009 at 13:42

Pero ni con Pegamoides ni con Dinarama transmitía tantos sentimientos como en solitario. Y lo dice un fan de ambos grupos. No tengo tan claro lo que comentas de la voz… me está viniendo a la cabeza Perlas Ensangrentadas y tampoco es que fuera un virtuoso, quizás más atrevido?
Más arropado? Puede ser… aunque aún en solitario nunca llegó a estar sólo sólo, siempre buscó el abrigo de alguien.

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Boasv2001
24 septiembre, 2009 at 11:46

Sí es cierto, jamás transmitió tanto como en esta etapa, por eso digo q no es tan importante tener una voz prodigiosa cuando se tiene un gran genio. SOlo vasta con tener los sentimientos y la sensibiliadad suficiente.

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Raúl Alonso
23 diciembre, 2009 at 22:53

Me gusta especialmente y no quería pasar por alto la reflexión que realiza eurocero sobre “¿Qué sería de mi sin ti?”

http://eurocero.com/?p=387

Copio literal:

La canción, por estructura y temática, es la segunda parte de otra obra maestra suya, “Cómo pudiste hacerme esto a mí”. La protagonista, tras diez años (las fechas coinciden: 1984/1994) en prisión por haber matado a su marido, decide empezar una nueva vida con la inestimable ayuda del dinero que ha heredado de él. Las referencias a American Express y Louis Vuitton, o la sentencia “eres mi dios” reflejan también el extremo consumismo declarado del artista, y contrastan irónicamente con el título de otra canción que habían sacado Fangoria tan sólo dos años antes, a la que le habían llamado, precisamente, “El dinero no es nuestro dios”.

El disco al que se refiere de Fangoria es “Un Día Cualquiera en Vulcano” (GASA, 1992), por cierto.

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Luis Bugarin
9 junio, 2012 at 06:41

A mí la voz de Berlanga me encanta. Me parece muy sexy. Cierto es que no tenía grandes habilidades en el canto, pero eso poco importa. ¡Es un genio! Me hubiera gustado muchísimo conocerle 🙁

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