portada del disco If Things Were To Go Wrong

Tras un año de conciertos, Deluxe vendría con las pilas bien cargadas: nada más y nada menos que tres trabajos bajo el brazo traería para el 2003, dos cortos y el largo que nos ocupa. Cambios importantes en este segundo disco, respecto al anterior. El primero de ellos, el inglés pierde su total protagonismo para dar cabida al español, e incluso al portugués en uno de los cortes. Pero sobre todo, Deluxe encuentra su camino. Deluxe empieza a sonar a Deluxe en un disco que es, como su propio artista reconocería años más tarde, un cajón de sastre de ideas por las que poder evolucionar. Un conglomerado de sonidos heterogéneos que logran unirse de forma homogénea bajo el manto de Xoel.

Precisamente se abre el disco con un tema en castellano, “Que no”, que tantas alegrías daría al propio artista (y a su sello, muy pendientes de lo que Xoel fuera capaz de hacer; esas más de 20.000 copias vendidas resultaron como agua de mayo). Un tema imprescindible en cualquier garito en el contexto alternativo del momento, con un estribillo hiperpegadizo y una letra resultona, que abre el abanico de influencias. No es descabellado localizar ecos de Fangoria bajo las guitarras.

El paso al inglés no desentona en absoluto, Deluxe lo hace propio y con algo de la épica de U2 logra transmitir sensaciones más que agradables en "Three months of glory". Sensaciones que quedan refrendadas con el tema que da título al disco, de lo mejor de Deluxe en cuanto a emotividad se refiere, con todos los ingredientes adecuados. Un tema muy adolescente, pero que no envejece nada mal y desprende buenas vibraciones, siempre que uno sea amigo de los falsetes. Particularmente me encantan.

La melancolía de este inicio da paso a la “pachanga indie”, de buenos resultados y escaso interés. Interés que vuelve a recobrarse con el segundo de los temas en castellano, "Bienvenido al final". Una canción que se erige como una de sus mayores composiciones líricamente hablando, sobre lo efímero de la popularidad (al nivel de a pie), y de cómo es fácil traspasar la línea existente entre ser un admirable ganador o ser un "pasao de rosca", un loser. Y lo duro de la caída, claro.

Cabaret, pop de iglesia, música negra. Todo pasa por la batidora de Xoel, para llegar a "Song for Ana", otro de los temas más destacables, con ese sabor amargo del indie más típico, en el buen sentido de la palabra. Reconozcámoslo, todos hemos sido unos llorones, y a todos nos ha gustado Sexy Sadie en alguna ocasión.

Un muy interesante final en “This time could be the last one”, quizás la más conectada con el disco anterior, pero muy mejorada y que, para el que suscribe estas líneas, merece ser rescatada por no ser tan popular como el resto pero estar al mismo nivel. Termina el disco con un homenaje a Caetano Veloso, que evidencia de nuevo el buen gusto musical del artista.

Un disco de iniciación. Un disco para desvirgar el alma de un amor emergente. Un disco para dejarlo aparcado durante mucho tiempo y evocar todos los buenos recuerdos al retomarlo pasados unos años.

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