portada del disco Hostal Pimodan

Con nombre de aquel célebre refugio para la bohème de la París de principios de siglo, y con un ritmo frenético desde el punto de vista creativo (cuarto trabajo en menos de dos años), Lori Meyers se enfrentaba a la dura prueba del segundo largo tras un disco arrollador como "Viaje de Estudios" (Houston Party, 2004). Grabado con colaboraciones de lujo como la de Rick Menck (Velvet Crush, The Tyde) en la percusión, producido por Thom Monahan en los estudios ODDS del Puerto de Santa María y masterizado en Ventura por John Golden, los granadinos nos entregan un disco con el cual logran desprenderse totalmente de las comparaciones planeteras, y ahondar en su personalodad propia: los medios tiempos melódicos y la psicodelia desatada y enrabietada.

Así y de este modo, alternan cortes altamente vibrantes, como "Dilema" o "La pequeña muerte" -Brincos a tope- con otros sugerentes y melosos con buenísimas muestras como "El mejor de tus trabajos", "Sus nuevos zapatos" y, especialmente, "El gallo ventrílocuo" y sus juegos vocales sesenteros de apacible arrullo, rotos de manera incontrolada por una jam lisérgica bien disfrutable.

El bajo sugerente en "Hostal Pimodan", a los coros velvetianos de "El mejor de sus trabajos", el acertado clavicordio de "Desayuno con diamantes", los aires de bossa de "Hostal Pimodan II"... cientos de detalles positivos hacen que este disco comercial (sin buscarle el sentido peyorativo al adjetivo) suponga la madurez y en cierto modo consagración de Lori Meyers.

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