portada del disco Homo Ludens

Pedro Ruy-Blas nos presenta un perfecto ejemplo de home made record. Un CD hecho sin ninguna prisa en el que Pedro se pasa a sintetizadores, secuenciadores, ordenadores, Cubase y electrónica en general. Algo que me llama la atención en uno de los clásicos de nuestra música.

Pedro ejerce de cantante, músico, rapsoda y arreglista en este disco en que las atmósferas son fundamentales. Pero este uso de la electrónica poco tiene que ver con esos usos espurios que parecen regodearse en los bajos instintos musicales del personal. Al contrario, lo de Pedro es pura delicadeza con un regusto lejano a jazz y ritmos brasileños.

El primer tema de este CD que ha ganado mi atención es “Éxtasis con agua fría”, una pieza con fuerte carga ambiental –otros dirían new age- y una letra tremenda que habla de un amor cruel, uno de esos amores terribles que queman y hielan un momento después.

La fama” y “El público olvidó” son dos piezas cuyas letras giran alrededor del triunfo, llegado ayer casi sin esperarlo y perdido hoy sin saber cómo. La primera de ellas crea una atmosfera opresiva, como un mal sueño recurrente que visita a este cantautor con sus caprichos a los que es inútil oponerse. La segunda de esta pareja se mueve en la claridad sonora y la autobiografía vista en tercera persona desde el despego que da la edad y el tiempo. Ambas están compuestas por Pedro, pero podrían estar suscritas por centenares de cantantes.

Cambia el tercio con una versión del clásico de Elvis: “Viva Las Vegas” llevado a terrenos de samba. Aquí, Pedro justifica su vitola de vocalista y, de paso, justifica también el título genérico del CD “Homo Ludens” u 'Hombre Juguetón'. No menos juguetona es la mordaz “Si por algo quiero ser millonario” con un ritmillo guasón mezclado de blues y music hall. Una de las canciones mejor logradas y más comerciales de este disco. Otro tema grande es “Ojalá”. Un fondo sonoro excitante y un ritmo muy elaborado que palpita sirven de lecho a una canción dicha con credibilidad y una letra rica en matices que vuelve a incidir en la juventud perdida.

He dejado de forma premeditada para el final de este comentario los tres temas instrumentales: “Lucero”, “Terraza” y “Agua y piedra”. En ellos, su autor e intérprete demuestra que ante todo es un músico cargado de historia. En “Lucero” no hay guitarra; sin embargo, me suena a Paco de Lucía con ese sonido persistente de bongós y ese sintetizador trenzando una melodía simple recubierta de arabescos y palmas. Un ejercicio de composición y cultura musical muy apreciable. Por derroteros parecidos circula la épica de “Agua y piedra”, cargada de guiños al nacionalismo español tal como lo entendieron los grandes compositores de finales del XIX.

Con “Terraza”, Pedro nos sumerge en su querido universo jazzístico, mostrando que los estilos no dependen de los instrumentos sino de los instrumentistas y que cualquier género es abordable desde cualquier base sonora, si realmente hay voluntad de hacerlo.

En fin, un disco muy personal, pero que propone, tanto en sus letras como en sus músicas, temas universales y atemporales. Un trabajo de artesanía musical que solo alguien con un amplio bagaje a sus espaldas puede llevar a cabo con solvencia.

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