portada del disco Hombres G

Entre el 7 y el 17 de enero con producción de Paco Trinidad y en medio de una nevada se graba en los estudios Trak, de Madrid, este LP que lanzaría al estrellato a Hombres G. Los dos primeros días se grabaron los instrumentos y el resto se dedicó a las voces. El 11 de marzo de 1985 el disco está en las tiendas y pronto queda claro que va a ser un bombazo. Al mismo tiempo se edita un single con la repescada “Venezia”, de su primer disco con Lollipop como reclamo principal. Esta canción conquistó las FM y propició un nuevo sencillo, esta vez encabezado por “Devuélveme a mi chica” y su brutal cambio rítmico terminado en ese  estribillo “Sufre, mamón, devuélveme a mi chica o te retorcerás entre polvos pica pica” que organizó la mundial y alborotó a las quinceañeras hasta límites hasta entonces desconocidos. La portada es un fotograma de una escena de “El Profesor Chiflado” (Jerry Lewis, 1963). Esta será la primera de una larga serie de carátulas relacionadas con el séptimo arte, que será otra seña de identidad a la que recurrirá a menudo el grupo en sus ediciones.

La fórmula es la de un pop muy asequible con letras divertidas y romanticismo juvenil a montones. Ritmos movidillos para propiciar picorcillos adolescentes y fiestas juveniles. Hay un tema muy peculiar que escapa un tanto a dicha fórmula y que es el único no escrito por el propio grupo. Se trata de “No lloraré”, versión bastante apañada de “I never cry” del histriónico Alice Cooper. Otro tema insólito por su letra es “Matar a Castro”, que plantea con relativa seriedad el asesinato del mandatario cubano.

Canciones como las citadas “Venezia” y “Devuélveme a mi chica” se convirtieron en himnos juveniles e infantiles que aún perduran como tales. El disco despachó en nuestro país 250.000 copias y Hombres G se convirtieron en los ídolos más perseguidos del panorama musical español, apareciendo un día sí y otro también en programas televisivas. Los cuatro supieron adaptarse muy bien a sus nuevas exigencias y ese fue otra de las claves del triunfo del grupo.

Entre las canciones menos conocidas del grupo hay que destacar ese enigma de pesadas guitarras llamado “Matar a Castro” o “Vuelve a mí” con pasajes que recuerdan a “Lobo hombre en París”. También la ingenuidad de “No te puedo besar” o esa guitarra sesentera que envuelve la balada “Dejad que las chicas se acerquen a mí” contribuyen a lograr un LP de lo mejorcito de la música de los ochenta, al que más con envidia que con razones de peso se ha descalificado injustamente en algunas ocasiones.

Como anécdota, decir que en alguna edición sudamericana se cambió la frase “Sufre, mamón” por la menos altisonante de “Sufre, Ramón”.

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Comentarios

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Vibrator
26 abril, 2011 at 00:44

Las canciones 4 y 5 en realidad corresponden a la 3 y la 4!

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