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LaFonoteca, Disco: Hay Que Volar
portada del disco Hay Que Volar

Para su tercer disco, Radikal Hardcore se fueron a los estudios Orion de Pamplona y utilizaron Hebefrenia Records, el sello que pusiera en marcha su batería Moi, como medio de edición.

“Me cago en Cristo, la Virgen puta, me cago en la madre que los parió. Pagan a los asesinos y los visten de marrón”. Así de contundente comienzan los de Basauri el disco, con un rotundo “Destruye el fascismo” que da cuenta de militares y el Papa a ritmo durísimo. El mismo con el que despachan una primera cara centrada en mazazos contra un sistema que reserva como única opción a los críos el luchar por su patria y trabajar para ricos (“Sueños”) o que responde las protestas del trabajador contra la reconversión industrial con cargas policiales (“La cacería”). Barricada y lucha es lo único que le queda a la clase obrera para frenar el terrorismo patronal: “Contra la reconversión tiragomas y tuerca al cabron”.

Nihilismo absoluto, la abrasión del hardcore más demoledor puesto al servicio total del no hay futuro. No lo hay tras la muerte: no existe Dios, reencarnación ni nada parecido de lo que te inculcaron de pequeño (“Miedo a la muerte”); pero tampoco lo hay entre nosotros mismos: los que crees colegas y amigos no son más que rapiñeros en busca de tu dinero o drogas. “Amistades de conveniencia” basa su pegada precisamente en lo contenido con respecto a las detonaciones que le han precedido en la primera cara. Ritmo más remolón que la emparenta incluso con el rock callejero o urbano, con punteos de guitarra desquiciada. Atrapa desde el primer momento y no te suelta.

Combinan la estampa despiadada de tan asfixiante realidad con las cuestiones apocalípticas, algo menos terrenales e inmediatas de “III Guerra Mundial”. No ha de extrañar el aparente cambio de tercio, teniendo en cuenta que todas estas exploraciones por paisajes postbélicos y de hecatombes nucleares son recurso válido y habitual del género, que ya trabajaran por ejemplo R.I.P. con su “Mundo muerto”. Algo de este espíritu es el que se respira también en “No te salva ni Superman”, el tema que cierra precisamente la segunda cara y con ella el disco. A pesar de la aparente conexión con aquel “El día que me falló Supermán” de Espasmódicos, en realidad aquí Radikal Hardcore se centran en la progresiva destrucción del planeta, culpando de forma beligerante incluso la pasividad.

La segunda cara no baja un ápice la intensidad, asegurando con “Hoy” más punk acelerado como banda sonora para la lucha juvenil en la calle contra policía, religión, militares y la explotación.

Descontado el requiebro de "Injusticia" (Potencial Hardcore, 1991) hacia derivas mucho más próximas al metal de garganta rota, Radikal Hardcore garantizan con su nueva entrega ejemplos de libro a incluir en cualquier explicación acerca de lo que es el punk hardcore. Con dificultades para seleccionar exclusivamente una, quizá “Extradiciones” resulte de lo mejor. Sección rítmica implacable, guitarras a mil y una voz tronando contra la represión del diferente, del venido de fuera. Verdadera política de tierra quemada. Contra las cloacas del Estado, de su sistema judicial y represor se muestra también “Matarifes del Estado”, aunque al igual que “Cuentete”, se vuelva más densa.

Ya en la recta final, “Alimañas” destaca de nuevo por llevar las maneras, en principio de rock de barrio, de sus guitarras a los límites del martillo pilón que se estila en estas vertientes más rocosas del punk. La violencia vengativa y destructora parece focalizarse en este caso con el sector de la crítica musical. Todo con una virulencia hiperbolizada que deja atrás los bramidos de La Polla Records en su “Críticos” de "Salve" (Soñua, 1984), su disco de debut.

“Hay Que Volar” (Hebrefenia, 1992) recupera a Radikal Hardcore para la causa, una vez solventadas sus experiencias en otros contextos musicales ligeramente diferentes. Tiene sus puentes de conexión con aquel  "La Venganza" (Discos Suicidas, 1988) de debut, como el mismo tema “Hay que volar” y la estética de portada y contraportada. Aprieta las tuercas en sus letras, lanzándolas decididamente a la cara de un sistema opresor y mejora, endureciéndolo, el sonido de sus primeras etapas. En conclusión resulta pues un claro paso adelante.

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