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LaFonoteca, Disco: Hallelujah!
portada del disco Hallelujah!

La sombra de "Soidemersol" (Siesta, 1997) planea sobre cada nuevo trabajo de La Buena Vida, a veces ocultando parte de su fulgor. Y es que tras éste, parece que ya lo tenemos todo escuchado del grupo y que los arreglos y las dulces palabras de nuevo pronunciadas ya las hubiéramos oído antes. Nos da la impresión de que nos encontramos ante buenas canciones que no terminan de proporcionar el destello cegador que deberían, tal vez lo hagan pero los ojos ya están muy acostumbrados al brillo. Y es que cuando siempre se hace bien, lo notable se vuelve pasable.

Cuando comienza “Hallelujah” (Siesta, 2001) con esa guitarra y las voces a dúo de Mikel e Iranztu la sensación de continuidad encasillada en el vicio de lo dulce vuelve a golpearnos, pero permaneciendo atentos y dejando respirar al álbum vamos percibiendo rasgos diferenciadores y de carácter propio. En primer lugar, dejan de lado los sintetizadores y órganos que protagonizaron el anterior trabajo, “Panorama” (Siesta, 1999), retomando la fuerza de las cuerdas, con guitarras y bajo, escondidas entre los magníficos arreglos de viento y el soberbio piano que en canciones como “Después de todo”, hacen de lo desnudo el abrigo perfecto.

Con una de las portadas más hermosas de La Buena Vida, de esas que nacen para disfrutarse en formato vinilo, obra una vez más de Javier Aramburu, “Hallelujah” contiene once preciosos temas, algunos de ellos de los más brillantes de la banda y que pasarían a convertirse en todo un himno, como es el caso de “Qué nos va a pasar”, sin lugar a dudas redonda en todo su ser.

La grabación de la orquestación se llevo a cabo entre el 19 y el 21 de enero del 2001 en Praga. Contando para ello con casi una treintena de músicos, el resultado no podía ser otro: un paisaje musical donde la emotividad eriza la piel al primer golpe de instrumento, en un disco taciturno que juguetea con la oscuridad luminosa de los días nublados, dejando entre ese plomizo horizonte perlas como “Vapor de carga” o la planetera "Vini, vidi, vinci”. En definitiva un trabajo destacable que continúa confirmando a La Buena Vida como uno de los grupos maestros en eso de las pequeñas grandes historias.

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