portada del disco Grandes Planes

Si “Madrid Zona Bruta” (Yo Gano, 1994) era un soplo de aire fresco en el panorama musical español (introducía un género nuevo como Dios manda) y “24/7 La Saga Continúa” (Zona Bruta, 1997) confirmaba (con un puñetazo en la mesa) que el hip hop estaba aquí para quedarse, la tercera entrega (y de momento última) de El Club de los Poetas Violentos (aquí firmando simplemente como CPV) es un paso de gigante en la trayectoria del grupo. Editado tan sólo un año después que el anterior, “Grandes Planes” (Zona Bruta, 1998) disfruta de una perfección técnica impresionante de principio a fin. Rítmicamente abraza definitivamente la nueva escuela personificada en la  Costa Este americana una vez más por Wu-Tang Clan y su masivo segundo LP, “Wu-Tang Forever” (Loud/Columbia, 1997). Los ritmos minimalistas programados por RZA condicionaron el hip hop de finales de siglo XX. Aunque tampoco hay que olvidarse del extravagante Timbaland (sólo hay que escuchar su labor como productor junto a Missy Elliott o, actualmente, con Justin Timberlake) más preocupado por cajas de ritmos y sintetizadores que el sampleo de material ajeno (contraviniendo una de las normas básicas del hip hop).

“Grandes Planes” es la respuesta española a la evolución natural del hip hop. La producción es minuciosa, sobre todo con el tratamiento de las voces que se muestran más nítidas que nunca. Líricamente también se encuentran en forma. Supernafamacho se revela como el rey de la fiesta en “Bla, bla, bla” y Jota Mayúscula le hace la competencia en “Movimientos del próximo milenio”. Kamikaze se marca un pequeño ejercicio de estilo a lo Raymond Quenau (a la vez que un homenaje a su nombre de guerra) en “Cuenta”, usando sólo palabras que comiencen con el fonema “k”.

Un salto de esta escala no podría olvidarse de incluir colaboraciones a la altura. Por un lado CPV se hermana con esa Costa Este del otro lado del charco al contar con Dompachino (muy próximo al colectivo Wu-Tang) y, una vez más la conexión Madrid-Barcelona, con Mucho Muchacho haciéndose dueño del asunto en “Los tres amigos” (consolidando su alianza con Supernafamacho y Kamikaze).

En definitiva, un disco brillante que les confirma (si es que eso fuese necesario) no sólo como pioneros sino como imprescindibles en el panorama del hip hop en castellano.

Por eso cualquiera se atreve a decir que se trata de su canto de cisne.

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